La pequeña localidad zamorana de Santa Colomba de las Monjas vivió el pasado sábado una de sus noches más especiales del año con la celebración de su V Noche Mágica a la Luz de las Velas, una cita que cada edición gana en participación, emoción y belleza.

El acto arrancó con el rezo del rosario y dio paso a la procesión del Cristo, que recorrió las calles del pueblo entre miles de puntos de luz. Las condiciones meteorológicas acompañaron: la ausencia de viento y una temperatura agradable permitieron que las velas permanecieran encendidas durante todo el trayecto, logrando una estampa de gran belleza que quedará en el recuerdo de quienes la presenciaron.
Esta quinta edición superó en asistencia a las anteriores y también registró un crecimiento notable en la implicación de los propios vecinos, que decoraron sus fachadas con velas, faroles, flores, telas y elementos artesanales de elaboración propia.
El resultado fue un recorrido convertido en galería de rincones únicos, donde cada casa aportaba su propio sello y personalidad a la celebración. Las organizadoras quisieron reconocer públicamente ese esfuerzo colectivo, señalando que la implicación vecinal fue la clave para dotar a la noche de mayor vistosidad y carácter.
Como incentivo a la creatividad, la fachada mejor decorada recibió un jamón como premio, un detalle que busca reconocer el trabajo de los participantes y animar a más vecinos a sumarse en próximas ediciones.
Durante el recorrido procesional, el Cristo avanzó entre la luz titilante de las velas mientras los asistentes acompañaban en silencio y recogimiento, creando una atmósfera de profunda serenidad que impresionó a propios y visitantes.
Una vez concluido el acto religioso, la celebración se trasladó a la plaza del Ayuntamiento, donde todos los presentes compartieron el tradicional chorizo al vino, ya convertido en seña de identidad indiscutible de esta noche. La música de Luis Pedreira puso el broche final a una velada que, un año más, demostró que los pueblos pequeños saben guardar sus tradiciones con orgullo y encanto.
Santa Colomba de las Monjas vuelve a demostrar que no hacen falta grandes infraestructuras para crear momentos memorables. Solo hace falta una llama, mucha voluntad vecinal y una noche de verano como pocas.
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