El Ayuntamiento de Sevilla ha tomado cartas en un asunto que no le corresponde. Operarios de la Gerencia de Urbanismo llevan trabajando desde agosto en el arroyo Tamarguillo, eliminando la vegetación acumulada, los residuos y la basura que amenazaban con repetir los episodios de inundaciones del pasado invierno en los alrededores de la SE-20.

El Tamarguillo es un viejo conocido de los sevillanos. Sus desbordamientos llevan siglos causando problemas en la ciudad, y a mediados del siglo XX sus aguas protagonizaron algunas de las inundaciones más graves que se recuerdan en la capital hispalense. Aquello forzó obras de desvío que llevaron el cauce hasta la zona norte, donde discurre paralelo a la SE-20. Sin embargo, el problema no ha desaparecido.
Los últimos inviernos han vuelto a poner en evidencia el mal estado del arroyo. Especialmente crítico fue el periodo entre finales de enero y las primeras semanas de febrero del año pasado, cuando las fuertes lluvias provocaron inundaciones casi diarias en la calzada y obligaron a la Policía Local a cortar el tráfico de forma reiterada.
Los técnicos municipales lo tienen claro: la causa directa es la falta de limpieza y mantenimiento del cauce. Una responsabilidad que recae sobre la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, organismo dependiente del Gobierno de España, y que según el Ayuntamiento lleva años sin cumplirse con los recursos necesarios.
Ante esa inacción, el gobierno de José Luis Sanz ha decidido no esperar más. Fuentes municipales han sido contundentes al respecto: «Nos hemos encargado de limpiar todo aquello que el Gobierno de España no ha sido capaz de dejar en condiciones».
Los trabajos en el Tamarguillo coinciden además con la recta final de la reurbanización integral de la propia SE-20, un proyecto adjudicado a la empresa sevillana Martín Casillas por más de seis millones de euros. Los cuatro carriles de la vía ya han sido reasfaltados por completo, y solo queda pendiente la recuperación de medianas y glorietas a lo largo de sus más de diez kilómetros entre la Isla de la Cartuja y la autovía de Madrid.
El objetivo del Consistorio es llegar al otoño con el cauce en condiciones y evitar que la próxima temporada de lluvias vuelva a convertir la SE-20 en un punto de colapso para la ciudad. Una carrera contrarreloj que Sevilla ha tenido que correr sola.
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