La comarca de la Bureba ha vivido días de máxima tensión tras el incendio declarado el pasado 26 de agosto en el monte El Cabo de Cornudilla, que se ha convertido en el más destructivo de la temporada estival en la provincia de Burgos.

Las llamas, que se propagaron con una rapidez alarmante desde el primer momento, han arrasado en total 160 hectáreas de terreno, de las cuales 87,77 corresponden a masa forestal arbolada y 72,06 a superficie agrícola. A pesar de que el fuego permanece activo, las autoridades lo dan por totalmente controlado, aunque se mantienen precauciones extremas ante las elevadas temperaturas y el viento registrados en los últimos días.
Más de medio centenar de medios de extinción, entre ellos siete aéreos, han trabajado sin descanso para sofocar las llamas. Las continuas reactivaciones de focos han obligado a mantener un dispositivo permanente en la zona, con un bulldozer, tres camiones, un retén y tres agentes forestales remontando los puntos calientes del perímetro, además de guardia nocturna diaria.
Los momentos más críticos se vivieron el miércoles y el jueves de la semana pasada, cuando según relata un bombero voluntario de Oña, hubo instantes muy complicados. El viernes, apenas 48 horas después del inicio, se movilizaron 13 medios adicionales para contener el avance del fuego, y el sábado fue necesario volver a intervenir por tierra y aire ante nuevas reproducciones.
La Junta de Castilla y León llegó a declarar el nivel IGR 1 al preverse que el incendio superaría las 30 hectáreas y duraría más de 12 horas, como finalmente ocurrió. Actualmente el dispositivo se mantiene en nivel 0.
Las causas oficiales aún se investigan, aunque todo apunta a que una chispa desprendida en el interior de una cosechadora pudo originar el fuego. El Seprona de la Guardia Civil lleva el caso con el apoyo del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta.
El incendio no obligó a desalojar ninguna vivienda, aunque vecinos de Cornudilla y localidades cercanas no dudaron en acudir a ayudar con su propia maquinaria agrícola en cuanto el humo tiñó el cielo. La solidaridad de los burebanos destacó incluso en plenas fiestas de San Vitores en Oña.
Una sensación de abandono del monte sobrevuela entre los vecinos de la zona, que lamentan que el entorno natural no recibe la atención que merece para prevenir tragedias como esta.
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