La noche del domingo 19 de julio debía ser de fiesta. España acababa de conquistar su segundo Mundial de Fútbol y las calles de Ciudad Rodrigo ardían de alegría. Pocas horas después, la ciudad entera lloraba la muerte de un adolescente de 13 años.

Cientos de jóvenes, como es tradición en las grandes celebraciones deportivas, se desplazaron hasta la fuente del Árbol Gordo para bañarse y festejar el triunfo de la Roja. La noche era calurosa, el ambiente era de euforia y la escena parecía la de siempre: chicos y chicas metiéndose al agua, encaramándose sobre la fuente, riendo a carcajadas ante la mirada cómplice de padres, madres y vecinos de todas las edades que los contemplaban desde los alrededores.
Fue entonces cuando ocurrió lo peor. La ornamentación de la fuente cedió. El accidente dejó gravemente herido a un joven mirobrigense de 13 años, que no logró superar sus lesiones y falleció poco después. Otros dos jóvenes resultaron también heridos, aunque afortunadamente de menor gravedad.
La Plaza Mayor había estado abarrotada minutos antes. El Ayuntamiento había instalado una pantalla gigante y la orquesta SMS amenizó una velada que reunió a toda la ciudad en torno a la selección española. La alegría era compartida, intergeneracional, de esas que construyen recuerdos colectivos para toda una vida.
Pero en apenas un instante, todo cambió. Lo que era júbilo se convirtió en pánico, y lo que parecía una noche para el recuerdo feliz quedó marcada para siempre por el dolor.
Ciudad Rodrigo amaneció el lunes sumida en el duelo. La victoria deportiva, que en cualquier otra circunstancia habría sido celebrada durante días, quedó sepultada bajo el peso de una tragedia que nadie esperaba y que nadie podrá olvidar fácilmente.
Una vez más, la vida demuestra su cara más cruel: la capacidad de transformar sin aviso un momento de felicidad colectiva en una herida que lo impregna todo. El segundo Mundial de España siempre estará unido, en la memoria de esta comarca salmantina, al recuerdo de un niño de 13 años que esa noche solo quería celebrar como todos los demás.
