La tarde del sábado en la plaza de toros de Albacete, conocida popularmente como La Chata, dejó uno de esos instantes que se graban en la memoria de cualquier aficionado. La Feria Taurina vivió un momento de angustia colectiva que tuvo al tendido conteniendo el aliento.

Fue el tercer toro de la tarde el que protagonizó el episodio más comentado de la jornada. Un ejemplar castaño ojo de perdiz, perteneciente a la ganadería Domingo Hernández, salió a la arena con una energía que Borja Jiménez quiso aprovechar desde el primer segundo.
El diestro sevillano tomó una de las decisiones más arriesgadas del toreo: recibir al animal a porta gayola. Esto significa que el torero se coloca de rodillas sobre el albero, en el centro del ruedo, esperando la embestida del toro de frente y sin apenas margen de reacción.
El toro se lanzó con violencia hacia Jiménez y el pitón pasó a escasos centímetros de su cuerpo. El silencio se apoderó de las gradas en una fracción de segundo. El público, de pie, vio cómo la situación rozaba lo más límite del toreo.
La velocidad de reflejos del torero fue determinante. Jiménez se levantó con una agilidad asombrosa para salir de la cara del toro y esquivar lo que podría haber acabado en un percance serio. El suspiro de alivio fue colectivo y generalizado en todos los tendidos de La Chata.
Este tipo de momentos son los que definen la esencia de una feria taurina. La Feria de Albacete, una de las más importantes del calendario taurino nacional, volvió a demostrar este sábado que en el ruedo los segundos pueden marcar la diferencia entre el aplauso y el drama.
La tarde del 12 de septiembre quedará en el recuerdo de los aficionados albaceteños no solo por la maestría demostrada sobre el albero, sino también por ese instante de máxima tensión en el que la plaza entera vivió, por unos segundos, con el corazón encogido.



