Todo comenzó con un nido caído. El personal de una finca en la comarca de Talavera de la Reina encontró entre los restos dos huevos intactos de águila imperial ibérica. Avisaron a los agentes medioambientales y, desde ese momento, se puso en marcha una operación que culminaría meses después con un final extraordinario.

Los huevos fueron trasladados el 19 de marzo al Centro de Estudios de Rapaces Ibéricas de Sevilleja de la Jara, conocido como CERI, donde ingresaron directamente en una incubadora. El 6 de mayo nació un pollo que desde el primer instante fue atendido con técnicas especiales para evitar que los cuidadores dejaran huella en él. El objetivo era claro: que el animal nunca llegara a asociar a los humanos con su entorno natural.
La evolución del pequeño fue favorable y los técnicos tomaron una decisión valiente. Buscarían un nido silvestre en los Montes de Toledo donde el pollo pudiera crecer junto a otras crías de edad similar, como si siempre hubiera pertenecido a esa familia.
Agentes medioambientales y técnicos de la Delegación Provincial de Desarrollo Sostenible de Toledo localizaron el nido candidato y el 26 de junio introdujeron al pollo entre sus nuevos hermanos adoptivos. Los padres del nido lo aceptaron sin problemas. Desde entonces, los tres pollos crecieron juntos con total normalidad bajo la vigilancia discreta de los equipos de seguimiento.
A finales de junio, los tres ejemplares fueron marcados con emisores GPS para permitir un seguimiento científico a largo plazo. A mediados de julio, las tres nuevas águilas imperiales ibéricas realizaron sus primeros vuelos.
Para el CERI de Sevilleja de la Jara este logro tiene un valor especial. Es la tercera vez en su historia que consigue integrar con éxito en un nido silvestre a un pollo nacido dentro de sus instalaciones. El primer hito llegó en 2017, cuando dos pollos obtenidos por inseminación artificial fueron introducidos en sendos nidos con resultado positivo.
El águila imperial ibérica figura entre las especies más amenazadas de Castilla-La Mancha y de toda la Península. Cada cría que consigue sobrevivir y volar libre representa un paso más en la recuperación de una rapaz que durante décadas estuvo al borde de la extinción.
Esta historia, que arrancó con dos huevos rescatados de un nido roto, demuestra que la coordinación entre administración, ciencia y territorio puede torcer el destino de una especie.
Más noticias de Toledo
El arte desborda la plaza de Camarena en una exposición histórica por los 875 años del pueblo
El gran centro de datos de Meta en Talavera da el paso decisivo: la Junta aprobará la reparcelación en días
IU denuncia que la empresa municipal de vivienda de Toledo hincha sus cuentas con una parcela arqueológica sin valor real