Cinco asociaciones vecinales de Santander han alzado la voz de forma conjunta para denunciar lo que describen como un deterioro progresivo e imparable de la capital cántabra. Su mensaje es contundente: «Santander está enferma».

Las entidades firmantes son la Asociación de Vecinos Amigos de Cazoña, la Asociación de Vecinos de Cueto, la Asociación Ciudadana en Defensa de El Sardinero, la Asociación de Vecinos Pombo-Cañadío-Ensanche y la Asociación de Vecinos San Joaquín. Juntas han emitido un comunicado en el que llaman a la ciudadanía y a otros colectivos a sumarse a un debate urgente sobre el futuro de la ciudad.
El escrito no deja lugar a medias tintas. Los vecinos describen una Santander «tranquila y amable» que está dejando paso a otra marcada por la suciedad, el ruido, las borracheras, los orines en las calles, los cristales rotos y una «creciente sensación de inseguridad». Un paisaje que, según afirman, se repite cada noche y cuyas consecuencias quedan a la vista cada mañana.
Las asociaciones insisten en que no se trata de molestias puntuales propias del verano, sino de un «problema estructural» derivado de un modelo que ha ido relegando la convivencia y la calidad de vida de los residentes a un segundo plano.
Uno de los puntos más críticos del comunicado apunta directamente a la falta de aplicación de las ordenanzas municipales sobre convivencia, ruido, consumo de alcohol y ocupación del espacio público. «Demasiadas veces no se hacen cumplir», denuncian, advirtiendo de que esto lanza un mensaje peligroso: «que en determinadas épocas del año todo vale».
Los colectivos aclaran que no están en contra del turismo, pero reclaman un equilibrio real entre el ocio de los visitantes y el descanso de quienes viven en la ciudad. «No queremos una ciudad de postal por el día y un vertedero por la noche», afirman sin rodeos.
Entre sus propuestas, las asociaciones piden renaturalizar los espacios urbanos, ampliar las zonas arboladas y reforzar el transporte público como alternativa al coche, medidas que consideran esenciales para garantizar una ciudad «más accesible, segura y con mayor calidad de vida».
El llamamiento es claro: Santander necesita un debate colectivo y soluciones reales. Los vecinos no quieren seguir mirando cómo su ciudad se deteriora. Quieren que alguien, por fin, actúe.



