Cuarenta personas pasan el verano en Villarán, un pequeño barrio de Medina de Pomar, en el norte de la provincia de Burgos, soportando cortes de agua desde primeros de julio. Lo más llamativo es que la red que les abastece ni siquiera es legal: la costearon los propios vecinos hace más de una década para engancharse a un manantial, sin firma ni garantías oficiales.

Villarán llegó a ser un despoblado. Poco a poco, sus casas en ruinas fueron recuperadas por familias que apostaron por vivir en este rincón del norte burgalés, a unos trece kilómetros de Medina de Pomar. Hoy cuenta con seis vecinos censados y unas dieciséis o diecisiete viviendas rehabilitadas. En verano, la población sube hasta los cuarenta residentes.
El problema es que el barrio carece de red de abastecimiento homologada y tampoco dispone de sistema de saneamiento. Lo que tienen es una canalización que los propios vecinos financiaron para conectar un manantial con un depósito y, desde ahí, con una fuente del pueblo. El Ayuntamiento dio su visto bueno de forma verbal, sin dejar nada por escrito.
«Hemos hecho análisis al agua que nos llega y salen parámetros negativos para el consumo, no es agua tratada», explica Arkaitz Iradi, uno de los vecinos de Villarán. En invierno la situación es más o menos manejable, pero cada verano los cortes se repiten. Este año comenzaron a principios de julio y podrían prolongarse hasta octubre.
La concejala de Servicios, Obras, Medio Ambiente y Pedanías del Ayuntamiento de Medina de Pomar reconoce el problema sin rodeos: «Es evidente que hay que hacer una red nueva». La edil admite que los costes serán elevados, en parte porque en 2023 ya se ejecutó una obra similar en el barrio de Rosales y los precios han subido. Su compromiso es que los técnicos municipales redacten el proyecto este invierno de 2026.
La concejala apunta también a una circunstancia que complica el diagnóstico: muchas de las viviendas que hoy están habitadas en Villarán se reformaron sin solicitar licencia municipal. «Sabíamos que había ruinas y en unos años crecieron casas como champiñones, pero no tenemos constancia de tantas licencias», señala. Ese desconocimiento del número real de viviendas habitadas deberá resolverse antes de dimensionar la futura red.
Mientras tanto, los vecinos de Villarán siguen esperando lo más básico: agua potable que llegue por tubería y un sistema que se lleve las aguas residuales. Nada más, y nada menos.
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