Costura, fútbol y comunidad: así combate El Puente el estigma de la salud mental en Valladolid

Una máquina de coser, un balón y un grupo de personas celebrando un gol. Lo que parecen escenas de cualquier tarde en la ciudad esconden, en realidad, un trabajo silencioso y poderoso: el de una asociación que lleva años demostrando que la salud mental y la vida en comunidad van de la mano.

Costura, fútbol y comunidad: así combate El Puente el estigma de la salud mental en Valladolid

El Puente Salud Mental de Valladolid organiza actividades de mañana y tarde dirigidas a personas con problemas de salud mental. Costura, cocina, deporte, literatura, jardinería, ajedrez o visitas al Museo Nacional de Escultura forman parte de una programación pensada para que sus usuarios no solo se recuperen, sino que formen parte activa de la ciudad.

La clave está en salir. La filosofía de la entidad apuesta por compartir espacios con el resto de los ciudadanos, participar en centros cívicos, en Las Norias, en los museos. La recuperación, dicen desde la asociación, también pasa por sentirse parte de algo.

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Los voluntarios que acompañan estas actividades coinciden en una misma reflexión: llegaron para dar y terminaron recibiendo más de lo que esperaban.

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Luisa Estrada, diseñadora industrial llegada desde Guatemala para cursar un máster, descubrió el taller de costura casi por casualidad y no tardó en convertirse en una pieza fundamental. Para ella, el valor del taller no está en la prenda terminada, sino en el camino. Una usuaria tardó casi cinco meses en completar un costurero. Era complicado, exigente, perfecto. Cuando lo terminó, la alegría fue de todos.

En el deporte ocurre algo parecido. Jennifer García acompaña los entrenamientos de fútbol sala y ha visto cómo personas tímidas van ganando confianza semana a semana. Cuando el equipo logró un segundo puesto en competición, las caras de felicidad de los participantes quedaron grabadas en su memoria.

Pablo Infante llegó buscando una actividad de voluntariado relacionada con el fútbol. Tres años después tiene claro que la experiencia le ha transformado. Cuenta que la sociedad crea diferencias donde no las hay, y que en El Puente esas diferencias sencillamente desaparecen.

Lo que construye esta asociación, actividad a actividad, es comunidad. Un lugar donde nadie se siente solo, donde si a alguien le tiembla la mano para cortar una tela, otro se acerca a ayudar. Donde un gol lo celebran todos por igual.

En Valladolid, El Puente lleva tiempo demostrando que incluir no es una idea bonita. Es una práctica cotidiana.