Hace apenas un año, este pequeño pueblo zamorano, anejo de Pereruela con apenas 76 empadronados, protagonizaba titulares por las razones equivocadas. Las críticas a la organización de sus fiestas de la Asunción corrieron por las redes y llegaron a los medios. En 2026, el mismo pueblo ha escrito una historia completamente distinta.

Y había que verlo para contarlo.
El sábado 15 de agosto, Sobradillo de Palomares multiplicó por diez su población habitual. La plaza se llenó, las calles recuperaron ese bullicio que durante el resto del año resulta imposible encontrar y las fiestas se prolongaron hasta bien entrada la madrugada. Como en los viejos tiempos.
Vecinos llegados de numerosos puntos de España regresaron para no perderse una cita que forma parte de su calendario sentimental. Algunos incluso desde Granada, con todo lo que estos días está ocurriendo allí, pero con la voluntad firme de volver. Porque Sobradillo en agosto deja de ser un pueblo pequeño. Vuelve a ser casa.
Las antiguas verbenas han dado paso en parte a discomóviles y pequeñas orquestas, pero el resultado fue el mismo de siempre: música, baile, generaciones distintas compartiendo una misma plaza. En un pueblo de estas dimensiones, eso vale más que cualquier gran espectáculo.
Si en 2025 hubo que señalar los errores, este año toca hacer lo contrario. El propio alcalde de Pereruela se puso a servir mesas durante la cena de vecinos y repitió durante el vino español, atendiendo y compartiendo las fiestas con quienes viven o regresan en estos días. Puede parecer un gesto menor. No lo es. Gobernar también consiste en estar, en escuchar las críticas y en corregir lo que no funcionó. Reconocerlo es de justicia.
Mención especial merece también el servicio de bar. Quien conoce la vida rural sabe lo que significa tener un punto de encuentro durante las fiestas. No es solo una barra donde pedir una cerveza. Es conversación, es preguntar quién ha llegado este año, cómo están los hijos de aquel vecino. Durante estos días, ese servicio le devolvió a Sobradillo algo que cuesta muchísimo encontrar el resto del año: vida, calor y esperanza.
Unas fiestas no salen adelante solo desde un ayuntamiento. También están la comisión de fiestas, el alcalde pedáneo y todos los vecinos que arriman el hombro. Entre todos han demostrado que de los errores, cuando se tiene voluntad de aprender, también nacen grandes celebraciones.
Al César lo que es del César. Este año, Sobradillo de Palomares se lo ha ganado.


