La Lastrilla forma parte de una ruta de peregrinación que muy pocos segovianos conocen: el Camino de San Frutos, que une la capital con la ermita del santo en las Hoces del Duratón. Este municipio, a apenas unos kilómetros de Segovia, es una de las primeras paradas de este itinerario y ofrece algunos de los momentos más memorables del trayecto.

El camino arranca junto a la Catedral de Segovia, donde se conservan las reliquias de San Frutos, y desde allí recorre 11,8 kilómetros en su primera etapa, pasando por Zamarramala, La Lastrilla, Espirdo y Tizneros. El recorrido es común a las dos variantes de la ruta, la de la Sierra y la de Caballar, y está señalizado con mojones y atriles informativos a lo largo del camino.
Al entrar en el término municipal de La Lastrilla desde Zamarramala, el caminante se topa con una panorámica de Segovia que bien merece el esfuerzo. El entorno del Terminillo, tradicional mirador sobre la ciudad, ofrece una de las vistas más espectaculares del conjunto monumental: la Catedral, el Alcázar, las torres y el caserío recortados sobre el valle, desde una perspectiva que el turista habitual raramente llega a contemplar.
Pero La Lastrilla no es solo un lugar de paso. El propio núcleo urbano guarda razones para detenerse. Su iglesia barroca, destacada por Turismo de Segovia dentro de esta primera etapa, es una visita que merece tiempo. Y debajo de ese municipio moderno, que ha pasado de 635 a casi 4.800 vecinos en apenas 35 años, se esconde una historia mucho más antigua: la primera referencia escrita al nombre de La Lastrilla data de 1247, y en su término se han encontrado restos del yacimiento de Las Zumaqueras, un poblado de la Edad del Bronce.
Ese contraste entre lo antiguo y lo contemporáneo es quizá uno de los mayores atractivos de esta localidad. Un municipio prácticamente integrado en el área urbana de Segovia que, sin embargo, conserva caminos agrícolas, memoria histórica y una ruta de peregrinación que invita a redescubrirlo.
Tras cruzar la SG-20 por su paso inferior, el camino continúa hacia Espirdo y el peregrino deja atrás las vistas de la capital para adentrarse en el paisaje abierto de la provincia. Quedan muchos kilómetros hasta San Frutos, pero La Lastrilla ya ha cumplido su papel: el de ser la primera despedida de Segovia.
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