La Lastrilla, el pueblo que creció siete veces en tres décadas sin dejar de ser pueblo

De poco más de 600 vecinos a casi 4.800 en apenas 35 años. La Lastrilla se ha convertido en uno de los casos más llamativos de crecimiento demográfico de toda la provincia de Segovia, desafiando la tendencia de despoblación que sufren la mayoría de los municipios rurales de Castilla y León.

La Lastrilla, el pueblo que creció siete veces en tres décadas sin dejar de ser pueblo

En 1991, La Lastrilla rondaba los 635 habitantes. Hoy, según los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2025, el municipio suma 4.781 vecinos. Una transformación que, en tan solo tres décadas, ha multiplicado por siete y medio su población y ha redibujado por completo la fisonomía de esta localidad situada a las puertas de Segovia.

La explicación tiene mucho que ver con esa gran vecina que es la capital. La cercanía de Segovia convirtió a La Lastrilla en una alternativa residencial atractiva para familias que buscaban vivienda nueva a pocos minutos del centro urbano. Urbanizaciones, viviendas unifamiliares y mejores comunicaciones fueron dando forma a un municipio muy diferente al de los años ochenta.

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El vínculo con Segovia es tan estrecho que, para quien llega por primera vez sin conocer los límites administrativos, no siempre resulta fácil saber dónde termina una población y empieza la otra. La Lastrilla forma parte además del sistema de Transporte Metropolitano de Segovia y cuenta con conexión directa con la capital a través de El Sotillo.

Pero el fenómeno va más allá del simple crecimiento residencial. El municipio ha tenido que desarrollar al mismo tiempo servicios, equipamientos deportivos, actividad comercial y vida asociativa para atender a una población que no ha dejado de llegar. El verdadero reto no era solo crecer, sino hacerlo con identidad propia.

No todos los casi 4.800 vecinos actuales comparten generaciones de historia en el pueblo. Muchos llegaron hace veinte años, otros hace diez, algunos mucho más recientemente. Sin embargo, todos terminan compartiendo colegios, parques, fiestas y calles. Las celebraciones patronales, como San Juan o las fiestas de El Sotillo en honor a San Alfonso Rodríguez, cumplen cada año esa función de encuentro entre el pueblo de siempre y el municipio nuevo.

La Lastrilla es hoy un ejemplo poco habitual en la España vaciada. Un municipio que, en lugar de preguntarse cómo frenar la pérdida de vecinos, ha tenido que aprender a gestionar su propio éxito. Y eso, en la provincia de Segovia, no es poco.