El Ayuntamiento de Zamora ha dado un paso más en su apuesta por convertir el arte urbano en parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Un nuevo mural ya luce en el acceso al colegio Nuestra Señora del Rocío, en el barrio de San José Obrero, como colofón a la remodelación integral del entorno escolar completada recientemente.

La obra, firmada por el artista Pedro Módenes, muestra a un grupo de niñas y niños corriendo juntos, acompañados por una paloma blanca en vuelo, un olivo y otros elementos naturales como el sol y el horizonte. Sobre un fondo de colores intensos, la imagen transmite dinamismo y optimismo, y busca identificar visualmente el espacio con quienes lo usan cada día.
La intervención artística se enmarca dentro del proyecto Zamora Variopinta, iniciativa municipal que persigue incorporar el muralismo urbano como herramienta para transformar rincones de la ciudad, recuperar fachadas deterioradas y aportar identidad propia a cada barrio.
El concejal de Obras, Movilidad, Infraestructuras y Participación Ciudadana, Pablo Novo, ha subrayado que el objetivo era que «la transformación física del entorno tuviese también un reflejo estético». En su opinión, culminar las obras de peatonalización con una pieza artística dedicada a la infancia resultaba coherente con el uso que familias y escolares hacen de ese espacio renovado, que ahora cuenta con nuevos pavimentos, mobiliario urbano y una mejor accesibilidad.
Pero la actividad no se detiene aquí. El Consistorio ya tiene previstas varias actuaciones para las próximas semanas. En Valorio, la nave del Servicio de Parques y Jardines recibirá un mural que integre visualmente las instalaciones municipales en el entorno del bosque.
En el Casco Antiguo, concretamente en la calle Ramón Álvarez, tras la Casa Consistorial, se pintará una gran obra dedicada a las mascaradas de invierno de la provincia, con la Filandorra de Ferreras de Arriba como protagonista. Una forma de acercar el patrimonio etnográfico zamorano al espacio público.
A esas intervenciones se sumarán un mural sobre las Águedas en el barrio de Los Bloques y dos nuevas piezas en Rabiche.
Zamora avanza así hacia una ciudad donde el arte no se reserva a museos o galerías, sino que ocupa paredes, fachadas y rincones donde vecinos y visitantes lo encuentran sin buscarlo.



