Comarcas del interior como Campoo, Liébana y los Valles Pasiegos sufren la sequía más severa que recuerdan sus vecinos. Varios municipios han tenido que recurrir a camiones cisterna para abastecer a su población, mientras los agricultores ven cómo se pierden hasta el 70% de sus cultivos.

Que en el norte de España la gente se quede embobada mirando caer cinco litros de lluvia dice mucho de lo que está pasando este verano en Cantabria. La región atraviesa una sequía que los propios alcaldes y agricultores califican de catastrófica, sin precedentes en la memoria reciente de quienes llevan toda la vida trabajando el campo o gobernando sus pueblos.
Las zonas más castigadas son las del interior. En municipios como Miera, el alcalde ha tenido que solicitar autorización para bombear agua directamente del río, después de comprobar que los camiones del Gobierno no podían acceder a los depósitos por el estado de los caminos. Junto a esa medida de emergencia, un bando prohíbe a los vecinos regar jardines, llenar piscinas, lavar el coche o limpiar fachadas.
En la Hermandad de Campoo de Suso han ido más lejos. El alcalde ha advertido de sanciones para quien haga un uso irresponsable del agua, y ha llegado a contratar una empresa con drones para detectar consumos anómalos, después de comprobar que uno de los pueblos abastecidos con cisternas gastaba 132.000 litros al día.
Santiurde de Toranzo tira del bitrasvase del Ebro para surtir a sus núcleos del norte. Su alcalde lo resume sin rodeos: recuerda años de sequía malos, pero como este, ninguno. Pesaguero también ha pedido cisternas de forma preventiva, consciente de que si no llueve pronto, el problema será mayúsculo.
Los agricultores son quienes más están sufriendo las consecuencias. Un productor de tomates de Villafufre calcula que ha perdido el 40% de su cosecha: el suelo agrietado y el calor hacen que los frutos se abran antes de poder recogerlos. Aún más duro ha sido el golpe para una agricultora ecológica de Santillana del Mar, que ha visto echarse a perder el 70% de sus manzanas.
En zonas costeras como Ribamontán al Mar, donde la población se duplica en verano, ya se pide un consumo responsable y se estudia reducir el riego de rotondas y parques públicos si la situación empeora.
Todo depende de que lleguen las lluvias. Por ahora, Cantabria espera.



