Una mujer que llegó en estado de embriaguez a su puesto de trabajo en Segovia y terminó condenada por resistencia y desobediencia grave a la autoridad ha reabierto el debate sobre cuándo el consumo de alcohol deja de ser un hábito social para convertirse en un problema real. En la ciudad, quienes buscan respuesta a esa pregunta tienen una dirección clara.

La Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Segovia, conocida como ARSEG, cumple este año cuatro décadas de actividad. Cada año, cerca de cien personas llaman a su puerta pidiendo ayuda. De ellas, entre 60 y 70 continúan con el tratamiento, una proporción que desde la entidad valoran como positiva.
La psicóloga de la asociación, Raquel Villegas, desmonta uno de los tópicos más extendidos: el perfil mayoritario de quienes acuden no es el de un joven. Son, en su mayoría, adultos de alrededor de 50 años o más. La llegada de personas de unos 30 años existe, pero sigue siendo poco frecuente.
Las razones que llevan a pedir ayuda son variadas. Problemas económicos, conflictos familiares, dificultades en el trabajo o en la vida social. En otros casos, la persona simplemente comienza a notar que ha perdido el control sobre su consumo y que la bebida empieza a interferir en su día a día.
Esa realidad tiene también un reflejo en las carreteras de la provincia. Las denuncias por conducción bajo los efectos del alcohol en Segovia pasaron de 709 en 2015 a 845 en 2024. Una tendencia que choca con la de Castilla y León en su conjunto, donde las sanciones bajaron un 15,7% en el mismo periodo.
Los 845 positivos registrados no equivalen a 845 personas con dependencia al alcohol. Una alcoholemia positiva no es un diagnóstico. Pero sí representan situaciones en las que otras personas, ajenas por completo a quien conduce, quedan expuestas a un riesgo que no han elegido.
El Ministerio de Sanidad, en un informe publicado el pasado junio a partir de datos de la Encuesta de Salud de España 2023, constata además que los jóvenes españoles están reduciendo de forma notable su consumo respecto a generaciones anteriores. Un cambio generacional que, sin embargo, no se traduce todavía en un cambio en el perfil de quienes llegan a buscar tratamiento en asociaciones como ARSEG.
El alcohol sigue siendo un asunto de adultos, con décadas de consumo a las espaldas y, muchas veces, con años de silencio antes de pedir ayuda.
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