El corredor verde del Tormes se llena de tubos vacíos tras dos plantaciones fallidas en El Marín

El espacio natural de El Marín, en la ribera del Tormes, presenta un panorama desolador: decenas de protectores negros vacíos se alinean sobre el terreno como si fuera un campo de lápidas, señalando el lugar donde un árbol debería estar creciendo y ya no está.

El corredor verde del Tormes se llena de tubos vacíos tras dos plantaciones fallidas en El Marín

Quien se acerque a pasear por esta zona, transformada en los últimos años gracias a fondos europeos vinculados a la Estrategia EDUSI Tormes+, puede comprobar con sus propios ojos que algo no ha funcionado. Amplias superficies muestran tubos protectores sin ninguna planta dentro. No hay brotes, no hay tallos verdes, no hay rastro de vida vegetal. En muchas zonas ni siquiera crece hierba alrededor, lo que sugiere que el agua no ha llegado a ese suelo.

En El Marín se han llevado a cabo dos grandes plantaciones. La primera, en 2023, se reconoce por sus protectores de color verde. Colectivos ecologistas denunciaron en su momento irregularidades en el riego y falta de mantenimiento durante los primeros meses, lo que habría provocado una mortalidad elevada antes de que llegara el primer verano. El Ayuntamiento atribuyó entonces parte de las pérdidas a fallos en el material suministrado por la empresa contratada.

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La segunda plantación, ejecutada entre finales de 2025 y comienzos de 2026, incorporó una amplia variedad de especies forestales: encinas, robles, alcornoques, pinos, avellanos, higueras, nogales, almendros, madroños y laureles, entre otros. La intención era diversificar para adaptarse a las distintas condiciones del terreno. El resultado visible, sin embargo, es que una gran parte de esa inversión aparece ahora seca y sin señales de haber echado raíces.

Lo más llamativo de esta segunda tanda es la ausencia aparente de cualquier sistema de riego en las zonas más afectadas. Sin agua y en pleno verano castellano, las posibilidades de supervivencia de los plantones eran escasas desde el principio.

El Consistorio, al ser preguntado por la situación, responde que en toda plantación existe un porcentaje de ejemplares que no arraigan por causas naturales, conocido técnicamente como marras. Asegura que las empresas adjudicatarias del mantenimiento tienen la obligación contractual de reponer los árboles muertos, y que esa reposición se realizará en otoño, considerada la época más adecuada para plantar.

Los vecinos, mientras tanto, pasean entre tubos vacíos y se preguntan cuántos intentos y cuánto dinero público harán falta para que El Marín tenga, de una vez, el bosque urbano que prometía ser.