Ocho horas de angustia en Castro Valnera: Protección Civil saca a cuatro jóvenes de una trampa de niebla y tormenta a 1.100 metros

Cuatro jóvenes de entre 16 y 20 años vivieron este miércoles una noche de auténtica pesadilla en los Valles Pasiegos. Quedaron atrapados en la cara norte del Castro Valnera, a más de mil metros de altitud, mientras una tormenta cerrada y la niebla densa hacían imposible encontrar el camino de vuelta. El Grupo de Rescate de Protección Civil del Gobierno de Cantabria tuvo que emplearse a fondo durante horas para sacarlos con vida y sin lesiones graves.

Ocho horas de angustia en Castro Valnera: Protección Civil saca a cuatro jóvenes de una trampa de niebla y tormenta a 1.100 m

Todo comenzó con una ruta de montaña que salió mal a medias. El grupo estaba formado por nueve personas que recorrían la zona cuando llegaron a un tramo especialmente escarpado. Cinco lograron superar el paso y bajaron hasta el aparcamiento de Pandillo sin incidencias. Los otros cuatro, al verse incapaces de continuar, optaron por detenerse y regresar. Fue entonces cuando se desorientaron en el terreno.

La llamada al 112 llegó en torno a las 19.00 horas. Los operadores localizaron a los jóvenes mediante el sistema AML de localización móvil avanzada y dos rescatadores partieron hacia Pandillo, donde los compañeros que ya habían descendido les aportaron información clave sobre la última posición conocida del grupo.

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Lo que vino después no fue sencillo. Las condiciones meteorológicas complicaron la operación desde el primer momento: tormentas intensas, niebla espesa y visibilidad casi nula obligaron a los equipos a guiarse con dispositivos de posicionamiento y navegación para avanzar con seguridad.

Cuando los rescatadores alcanzaron a los cuatro jóvenes, procedentes de Bilbao y Madrid, comprobaron que ninguno presentaba lesiones de gravedad. Antes de emprender el descenso, les proporcionaron abrigo, comida y agua para mejorar su estado físico y aníimico.

El regreso a tierra firme se convirtió en una prueba de resistencia. El descenso se prolongó aproximadamente cuatro horas por un terreno con fuertes pendientes, tramos resbaladizos y pasos muy comprometidos que obligaron a extremar las precauciones en cada momento.

Finalmente, a las tres de la madrugada, los cuatro jóvenes pusieron pie en el aparcamiento de Pandillo, donde sus familiares aguardaban con el alivio ya reflejado en la cara. Lo que había comenzado como una excursión veraniega acabó siendo un recordatorio de que la montaña cántabra puede volverse implacable en cuestión de minutos cuando el tiempo cambia.