El Ayuntamiento de Valencia defiende el derecho vecinal a cenar en la playa de la Malva-rosa frente a las presiones de la hostelería

El consistorio valenciano ha zanjado el debate del verano en la Malva-rosa: los vecinos pueden seguir sacando sus mesas, sillas y neveras al paseo y a la arena para disfrutar de las noches cálidas, sin restricciones ni espacios acotados.

El Ayuntamiento de Valencia defiende el derecho vecinal a cenar en la playa de la Malva-rosa frente a las presiones de la hos

La costumbre del sopar a la fresca, esas cenas populares al aire libre frente al Mediterráneo, ha protagonizado semanas de tensión entre el sector hostelero y los residentes del barrio. Los restaurantes del paseo, abarrotados de turistas y locales durante el verano, reclamaban que estas reuniones vecinales se trasladaran a zonas habilitadas expresamente para ello, argumentando problemas de limpieza, falta de servicios públicos y, sobre todo, la imagen que ofrecen las concentraciones de sillas y mesas frente a sus terrazas.

Los vecinos, sin embargo, no han estado dispuestos a ceder. Desde las asociaciones de barrio se ha recordado que el paseo y la playa son espacios públicos, y que esta tradición lleva generaciones practicándose en Valencia. La Federación de Asociaciones Vecinales llegó incluso a plantear la cuestión directamente ante el Ayuntamiento, alarmada ante la posibilidad de que las cenas acabaran confinadas en rincones concretos.

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La respuesta municipal no ha dejado lugar a dudas. El consistorio ha cerrado filas con la costumbre y ha descartado cualquier prohibición o limitación. Los valencianos pueden seguir cenando donde quieran en la playa.

La disputa llega además en un momento de cambios en el propio paseo. Varios restaurantes están inmersos en un proceso de renovación de sus instalaciones, con algunos locales ya reformados y otros pendientes de terminar las obras antes del próximo verano. Ese ambiente de obras y transformación ha añadido tensión a un escenario donde conviven tradición popular y negocio turístico.

Así, la Malva-rosa seguirá siendo ese espacio singular donde un grupo de vecinos picando algo en corro puede coincidir, a pocos metros, con una mesa de turistas degustando paella y sangría. Una imagen que para unos es pintoresca y para otros resulta incómoda, pero que el Ayuntamiento ha decidido proteger como parte de la identidad del barrio y de la ciudad.

El debate, al menos por ahora, queda cerrado. El sopar a la fresca continúa siendo libre en Valencia.