La finca de los Hermanos Portilla, en el barrio cántabro de Vierna, acogió este sábado una nueva edición del encuentro de tocadores de campanas, un evento que congrega cada año a profesionales llegados de distintos puntos del país y que atrae a decenas de vecinos curiosos de toda la comarca.

La jornada tuvo como hilo conductor recuperar la memoria de un instrumento que, durante siglos, marcó el ritmo de la vida rural. Antes de los teléfonos móviles, las campanas eran la voz del pueblo, el medio por el que los vecinos sabían si había un incendio, si alguien se había perdido en el monte o si se acercaba una tormenta. Así lo resumió uno de los campaneros participantes: eran «el WhatsApp y la voz del pueblo».
Durante la exhibición, profesionales procedentes de Álava, Burgos y Zamora ejecutaron diferentes toques con significado propio. Sonaron el toque de fuego, el de perdido y el de tormentas, pero también los más cotidianos, como el de alborada, que anunciaba el inicio de la jornada laboral, el de vecera, para sacar el ganado al campo, y el de oración, con el que cuatro campanas marcaban el fin del día. No faltaron tampoco los toques dedicados al nacimiento, la muerte y la celebración festiva.
Los asistentes no fueron simples espectadores. La treintena de campanas distribuidas por el prado y la vivienda, que funciona también como museo, estuvo al alcance de todos para que cualquiera pudiera probar por sí mismo este singular oficio.
Abel Portilla, artesano y maestro fundidor, fue el anfitrión y guía de la velada. Su familia lleva fundiendo campanas en Vierna desde el siglo XV, generación tras generación, y algunas de sus piezas han cruzado las fronteras nacionales. Su trayectoria fue reconocida hace tres años con los Premios Nacionales de las Artes de la Construcción en la categoría de trabajo del metal.
Portilla ofreció una charla a los visitantes sobre el proceso de elaboración, lento y exigente, pero capaz de producir piezas que duran siglos. El motivo de este encuentro, dijo, es siempre el mismo: «Acercar las tradiciones para que no se olviden».
Entre el público había vecinos de toda la zona. Algunos acudieron con sus hijos para transmitirles el valor del patrimonio. Otros, como el natural del Valle de Meruelo Miguel Izquierdo, no escatimaron en elogios: «Es una delicia escuchar a Portilla. Hay mucho conocimiento detrás de este hombre».
Las campanas fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2022. En Vierna, ese reconocimiento suena cada año con campanas de verdad.
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