El yacimiento arqueológico de Ulaca, uno de los castros vetones más imponentes de la provincia de Ávila, volvió a demostrar que su magia va mucho más allá de la historia. Esta vez, sus piedras milenarias sirvieron de telón de fondo para la celebración de Luna Celta, un evento que dejó a los asistentes sin palabras.

El enclave, situado en el término municipal de Solosancho, congregó a un numeroso público llegado desde distintos puntos de la provincia y de fuera de ella. La combinación del paisaje natural, la imponente arquitectura prerromana y la propuesta cultural consiguió crear una atmósfera verdaderamente singular que difícilmente se puede reproducir en otro lugar.
Luna Celta apostó por un formato que mezcla música, tradición y conexión con el entorno. Los sonidos propios de la cultura celta resonaron entre las murallas del castro, dotando a la velada de una autenticidad que los asistentes agradecieron desde el primer momento.
El público respondió con entusiasmo a la convocatoria. Las familias, los amantes de la música tradicional y los curiosos que acudieron por primera vez al lugar coincidieron en destacar la experiencia como algo difícil de olvidar. Para muchos, fue también una oportunidad de conocer o redescubrir un patrimonio que Ávila tiene la suerte de conservar en tan buen estado.
El castro de Ulaca es considerado uno de los oppida vetones más grandes de la Península Ibérica, con una extensión que supera las setenta hectáreas. Su verrueco granítico, que se eleva sobre el Valle del Alberche, ofrece unas vistas que por sí solas ya justifican la visita.
Eventos como Luna Celta ponen en valor ese patrimonio de una forma viva y accesible, acercando la historia a la ciudadanía sin renunciar al disfrute y al entretenimiento. Una apuesta que, a juzgar por la respuesta del público, tiene todavía mucho recorrido por delante en la provincia abulense.
La velada dejó un sabor agridulce en quienes no pudieron asistir y ya están pendientes de la próxima edición.



