El problema de los ‘sin techo’ en el centro de Logroño: el mismo círculo sin salida que agota a los vecinos

Portales, la plaza de la Cofradía del Vino de Rioja, Santa Ana, el Ochavo, la Alhóndiga… Los nombres cambian, pero la historia es la misma. Logroño lleva años conviviendo con una realidad que no desaparece: grupos de personas sin hogar, con adicciones y otras patologías, que ocupan bancos y espacios públicos del centro generando malestar y tensión entre los residentes.

El problema de los 'sin techo' en el centro de Logroño: el mismo círculo sin salida que agota a los vecinos

Lo que hoy afecta al entorno del tilo de Portales ya ocurrió allí mismo hace más de una década. Y entre medias, el mismo escenario se ha repetido una y otra vez en distintos rincones del casco histórico. La Glorieta del Doctor Zubía fue durante años el epicentro de las denuncias vecinales. Luego el problema fue migrando, y hoy se extiende por varias plazas y calles del corazón de la ciudad.

La mecánica es siempre la misma. Los vecinos se quejan, la Policía Local intensifica la presencia, se imponen sanciones por consumo de alcohol en la vía pública o se realizan limpiezas extraordinarias. El resultado: las personas afectadas se trasladan a otro punto. El problema no se resuelve, solo se mueve.

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La concejala delegada de Servicios Sociales, Patricia Sáinz, reconoce la complejidad del asunto. Explica que ninguna persona puede ser retirada de la calle contra su voluntad y que, aunque los servicios municipales ofrecen acompañamiento, alojamiento y atención integral a través del programa Alasca, no todo el mundo acepta la ayuda. «Son personas en las que concurren muchas circunstancias», señala.

Desde el Ayuntamiento se admite que se conoce a buena parte de estos individuos por su nombre y que se trata de perfiles cada vez más complejos, con patologías múltiples difíciles de abordar desde el ámbito local. La coordinación entre Policía Local y Servicios Sociales existe, pero choca con los límites de las competencias municipales y con la voluntariedad de los programas de reinserción.

El calor extremo del verano agrava la situación, y la proximidad de comercios donde comprar alcohol barato no ayuda. Esta semana, agentes patrullaban los puntos conflictivos para evitar precisamente esas ventas.

Los vecinos, mientras tanto, sienten que llevan años pidiendo soluciones sin obtenerlas. La sensación de impotencia es la nota común en todas las zonas afectadas. Y la pregunta que se repite en cada plaza, en cada portal, sigue sin tener respuesta clara: ¿cuándo deja de ser un problema que simplemente cambia de acera?