La apertura de 31 kilómetros de autovía en Valladolid dejó ayer una imagen que no pasó desapercibida: en el acto de inauguración de dos nuevos tramos de la Autovía del Duero estuvieron dirigentes del PSOE autonómico, provincial y municipal, pero no hubo ni un solo representante del Gobierno de Castilla y León ni de la Diputación de Valladolid.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, cursó invitaciones a la cúpula socialista encabezada por Carlos Martínez, así como a distintos cargos del partido en la provincia, incluido el portavoz del Ayuntamiento de Valladolid, Pedro Herrero. Sin embargo, ningún miembro del equipo de Alfonso Fernández Mañueco recibió convocatoria alguna. El propio ministro lleva tres años en el cargo sin haber recibido al presidente de la Junta.
Durante su intervención, Puente no esquivó el asunto y señaló directamente la ausencia institucional del Ejecutivo regional. Aprovechó el momento para reivindicar el concepto de lealtad institucional, que definió como «una moneda de cambio común durante más de 40 años de democracia», y lamentó que ese principio haya saltado «por los aires».
Para ilustrarlo, enumeró cuatro ejemplos de lo que calificó como deslealtad institucional hacia su ministerio. El primero, la integración ferroviaria de Valladolid, un convenio firmado con dos gobiernos del PP que, según el ministro, el actual equipo municipal dinamitó al llegar al Ayuntamiento. El segundo, los recursos judiciales presentados para intentar frenar la reforma de la estación de tren, una inversión de 250 millones de euros. «No conozco ningún alcalde que recurra una inversión así para su ciudad», afirmó sin citar al regidor Jesús Julio Carnero por su nombre. El tercero, las reclamaciones de la Junta por el derribo del muro de la fachada de la estación, una actuación que, recordó, figuraba en el anteproyecto desde 2019. El cuarto, las limitaciones en la propia apertura de la autovía, que no se pudo inaugurar en su totalidad por la falta de conexión con una vía nacional en el entorno.
El ministro cerró su discurso con una reflexión que resume el tono de la jornada: «Hasta qué punto hemos llegado que la apertura de una autovía puede ser una mala noticia en función de quién la inaugura».
Una obra que tardó siete años en completarse y que pasó por las manos de tres ministros quedó así marcada tanto por el asfalto como por la tensión política entre administraciones.



