Tenebrón se viste de fiesta con un colorido desfile de disfraces que desafió a la lluvia en honor a San Ceferino

El pequeño municipio salmantino vivió una jornada llena de color, música y alegría con el tradicional desfile de disfraces que recorrió sus calles al ritmo de la charanga Santa Ana.

Tenebrón se viste de fiesta con un colorido desfile de disfraces que desafió a la lluvia en honor a San Ceferino

Tras el emotivo pregón que dio el pistoletazo de salida a los festejos, Tenebrón celebra con entusiasmo sus fiestas patronales en honor a San Ceferino. Una de las actividades más esperadas por vecinos y visitantes fue el desfile de disfraces, que este año volvió a convertirse en el alma de la celebración pese a que el cielo amenazó con agua durante toda la jornada.

Las nubes no pudieron con las ganas de fiesta. Piratas, cromañones, cócteles, videntes, bañistas, mariposas, hadas, coches de choque, mecánicos, granjeros, fichas de parchís y bailarinas formaron una comitiva tan variopinta como festiva que recorrió las calles del pueblo de punta a punta. Tampoco faltaron quienes decidieron sumarse al desfile sin disfraz, porque en Tenebrón lo que sobra nunca es la buena disposición para disfrutar juntos.

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En fiestas

La charanga Santa Ana fue la encargada de poner la banda sonora a la jornada, llenando cada rincón del municipio de ritmo y alegría. Los sones de la banda acompañaron a la comitiva durante todo el recorrido hasta llegar al punto de inicio: la pista del frontón, donde la fiesta no hizo más que crecer.

Allí, vecinos de todas las edades bailaron y cantaron al son de temas populares como Paquito el Chocolatero. El momento más emotivo llegó cuando pequeños y mayores se unieron en una gran conga que se fue alargando entre risas y aplausos, en una imagen que resume a la perfección el espíritu de las fiestas de pueblo.

Finalmente, algunas gotas de lluvia hicieron acto de presencia y animaron a parte de los asistentes a buscar refugio en el bar del pueblo. Sin embargo, ni el cambio de tiempo logró enfriar el ambiente ni apagar las ganas de seguir celebrando.

Porque eso es precisamente lo que tienen las fiestas de un pueblo: la capacidad de reunir a vecinos, familias y visitantes en torno a momentos compartidos que quedan en la memoria mucho tiempo después de que las luces se apaguen. Tenebrón lo sabe bien, y lo demuestra cada año con San Ceferino.