Un conductor de 20 años está siendo investigado por presunto homicidio por imprudencia tras un accidente de tráfico ocurrido en la madrugada del domingo 16 de agosto en la carretera M-404, a la altura de Chinchón, en el que falleció un joven de 21 años.

El siniestro tuvo lugar sobre las 6.10 horas en el kilómetro 56 de dicha vía. El vehículo, un Ford Tourneo en el que viajaban cuatro jóvenes, se salió de la calzada por el margen izquierdo y volcó. Las consecuencias fueron fatales para uno de los ocupantes.
El fallecido iba sentado en el asiento delantero y fue proyectado fuera del vehículo al producirse el vuelco. Según las primeras investigaciones, era el único de los cuatro pasajeros que no llevaba puesto el cinturón de seguridad en el momento del accidente.
Los otros tres ocupantes, el conductor y dos jóvenes de 18 y 17 años que viajaban en los asientos traseros, resultaron heridos de carácter leve.
Los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil que se personaron en el lugar practicaron al conductor las pruebas reglamentarias de detección de alcohol y drogas. El joven dio positivo en alcohol, lo que ha derivado en su investigación por un presunto delito de homicidio por imprudencia, sin perjuicio de la calificación jurídica definitiva que determine la justicia.
La Guardia Civil continúa trabajando para esclarecer todas las circunstancias que rodearon el accidente.
A raíz de este trágico suceso, las autoridades han querido lanzar un mensaje claro a todos los conductores y pasajeros: el cinturón de seguridad es obligatorio en todos los asientos, en cualquier tipo de trayecto y sin importar su duración. En situaciones de vuelco o salida de vía, este dispositivo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte al evitar que los ocupantes sean expulsados del habitáculo.
Del mismo modo, se ha insistido en que el consumo de alcohol o drogas antes de ponerse al volante es incompatible con una conducción segura, ya que deteriora capacidades fundamentales como la atención, la coordinación o el tiempo de reacción.
Lo ocurrido en Chinchón es un recordatorio doloroso de que dos decisiones, no abrocharse el cinturón y conducir bajo los efectos del alcohol, pueden terminar con una vida en cuestión de segundos.
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