Buñol revienta el récord de tomate y vuelve a teñir sus calles de rojo ante 22.000 visitantes de todo el mundo

Buñol vivió este miércoles una nueva edición de su fiesta más reconocida a nivel mundial, con 22.000 participantes y 150.000 kilos de tomate convertidos en munición durante casi una hora de batalla sin cuartel. La localidad valenciana volvió a ser, por 79ª vez, el epicentro de una celebración que no entiende de fronteras.

Buñol revienta el récord de tomate y vuelve a teñir sus calles de rojo ante 22.000 visitantes de todo el mundo

Desde primera hora de la mañana, las calles del municipio empezaron a llenarse de gente llegada desde los cinco continentes. Australia, Estados Unidos, Japón, China, India y Canadá fueron solo algunos de los países representados entre una multitud que llegó equipada con gafas de buceo, gorros con forma de tomate y camisetas blancas destinadas, desde el primer momento, a no seguir siéndolo por mucho tiempo.

A las 12:00 horas en punto, el disparo de la carcasa dio el pistoletazo de salida oficial. Siete camiones se fueron adentrando por las calles del centro cargados con las 150 toneladas de tomate, 30.000 kilos más que el año pasado, descargando su mercancía sobre una marea humana entregada por completo a la batalla.

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En fiestas

Durante casi una hora, los tomates volaron en todas direcciones. Las paredes, el suelo, la ropa y los rostros de los participantes quedaron cubiertos por una mezcla de pulpa y zumo que transformó por completo el aspecto del municipio. Quienes se estrenan siempre descubren lo mismo: en la Tomatina es imposible mantenerse al margen.

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Antes incluso de que llegaran los camiones, los vecinos ya habían abierto los balcones para regar con agua a los participantes, sumando aún más caos y diversión al ambiente festivo que ya reinaba en las calles.

La batalla llegó a su fin al ritmo de Libre, de Nino Bravo, canción que desde hace años actúa como señal de cierre de la fiesta. Tras el último lanzamiento, los equipos de limpieza entraron en acción para devolver la normalidad a un casco urbano que, durante unas horas, había dejado de parecerse a sí mismo.

La jornada transcurrió sin incidencias graves. Los servicios municipales solo registraron cuatro atenciones por irritación ocular causada por gas pimienta, todas ellas leves y resueltas en el momento.

Buñol cerró así otra edición con cifras récord, consolidando una fiesta que mueve turismo, economía local y proyección internacional para la Comunitat Valenciana cada último miércoles de agosto.