Siete meses de polémica y un mojón xacobeo que por fin saluda a los peregrinos desde donde siempre debió hacerlo

Logroño ha puesto fin a uno de los episodios urbanísticos más curiosos del año en la capital riojana. El monolito de granito que Galicia regaló a la ciudad como símbolo del Camino de Santiago ha sido reubicado esta semana en el paseo del Pozo Cubillas, junto al conocido arco del Camino, a la entrada de la ciudad desde el Puente de Piedra.

Siete meses de polémica y un mojón xacobeo que por fin saluda a los peregrinos desde donde siempre debió hacerlo

La pieza, que luce grabadas la flecha amarilla y la concha de vieira, estaba desde enero colocada en la calle Portales, junto a la concatedral de La Redonda. El problema es que esa calle no forma parte del itinerario jacobeo oficial. Dicho de otro modo: el mojón del Camino no estaba en el Camino.

La polémica no tardó en llegar. Vecinos, peregrinos y expertos señalaron el error de ubicación durante meses, en lo que fue un debate que cruzó medios y redes sociales. El dato que añadía más sal al asunto es que la inauguración del hito contó con la presencia del alcalde de Logroño, el presidente del Gobierno de La Rioja y el mismísimo presidente de la Xunta de Galicia.

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El Ayuntamiento de Logroño reconoció el fallo y, ya en abril, la decisión de trasladarlo parecía tomada. Sin embargo, el Consistorio optó por esperar a que el asunto pasara por el Consejo Superior del Patrimonio Cultural, Histórico y Artístico de La Rioja antes de ejecutar el cambio. Una cautela que, según el equipo de gobierno, buscaba garantizar que la nueva ubicación se ajustase a las directrices oficiales del Camino y que la pieza funcionase como una señal más dentro de la ruta normativa.

A mediados de agosto el mojón desapareció de Portales. Y a finales de este mismo mes, la misma pieza ha reaparecido en el Pozo Cubillas, donde ahora sí recibe a los caminantes que asoman a la capital riojana siguiendo el trazado histórico jacobeo.

El monolito, fabricado en granito, es del mismo tipo que se instala a lo largo de toda la ruta para orientar a los peregrinos e indicar la distancia que queda hasta Santiago de Compostela.

Siete meses después de su controvertida inauguración, Logroño cierra este capítulo con el hito donde siempre debió estar: en el Camino.