La Comunidad de Regantes del Canal del Henares alcanza en 2026 una fecha histórica: cien años de vida. Un siglo dedicado a gestionar el agua del río Henares para beneficio de los agricultores y pueblos de la provincia de Guadalajara, consolidándose como una de las instituciones de referencia en la gestión del regadío en Castilla-La Mancha.

Fundada en 1926, esta entidad nació con el objetivo de organizar y regular el aprovechamiento de las aguas del Henares a través de su red de canales e infraestructuras de riego. Desde entonces, ha sido pieza clave para el desarrollo agrícola de numerosos municipios de la comarca, permitiendo que miles de hectáreas de cultivo recibieran el agua necesaria para su producción.
A lo largo de estas diez décadas, la comunidad ha tenido que adaptarse a los cambios que han marcado el mundo rural: la mecanización del campo, las nuevas exigencias medioambientales, la modernización de las redes de distribución y los episodios de sequía que han puesto a prueba la capacidad de gestión de sus responsables.
El centenario llega en un momento especialmente delicado para el agua en la región. La provincia de Guadalajara vive desde hace meses un pulso con la Comunidad de Madrid por los recursos hídricos del río Sorbe, lo que pone de relieve la importancia estratégica de instituciones como esta, que velan por los intereses del territorio y de sus regantes.
La efeméride no pasa desapercibida para los municipios del corredor del Henares, donde la actividad agrícola sigue siendo parte fundamental de la identidad y la economía local. Agricultores de varias generaciones han trabajado bajo el paraguas de esta comunidad, transmitiendo de padres a hijos tanto el oficio como el respeto por el agua.
El aniversario invita a mirar atrás con orgullo, pero también hacia adelante. Los retos del cambio climático, la escasez de recursos hídricos y la necesidad de una agricultura más eficiente exigen que instituciones con un siglo de experiencia sigan siendo referentes en la toma de decisiones sobre el agua.
Cien años no son pocos para ninguna organización, y menos para una que tiene entre sus manos uno de los recursos más valiosos e imprescindibles: el agua que da vida al campo de Guadalajara.



