La playa de Santandria, en Ciutadella, amaneció ayer con las huellas de una de las ‘rissagues’ más intensas que se recuerdan en los últimos tiempos. El agua del mar cubrió por completo la arena durante la noche del jueves, superó la paret seca que delimita la zona de baño y anegó los primeros metros de la calle. Restauradores, concesionarios de playas y hoteleros han abierto el viernes con cara de preocupación y mucho trabajo por delante.

El encargado del Hopi Beach Bar, Óscar Moratel, fue testigo directo de lo ocurrido y no dudó en calificarlo con dureza: «Esto no fue una ‘rissaga’, fue un tsunami». En su terraza, el agua alcanzó unos 60 centímetros de altura, y solo la colocación rápida de una tabla en la puerta que comunica con la cocina evitó daños mayores en el interior del local.
Al otro lado de la cala, el restaurante Es Bruc Santandria sufrió más de un palmo de agua en cocina y zona de bar. Los bomberos acudieron para achicarla con bombas. Varias cámaras frigoríficas y un lavavajillas han quedado inutilizados.
El fenómeno se produjo en tres oscilaciones. La primera llegó hacia las nueve de la noche, con unos 20 centímetros de agua. Un cuarto de hora después se registró una segunda subida. La última, la más destructiva, ocurrió alrededor de las 21.40 horas y dejó las marcas más altas en las paredes de los locales.
El servicio de hamacas y sombrillas, concesionado a Enrique Navarro, también sufrió el golpe. Varias sombrillas fueron arrastradas al mar y las pasarelas de madera de acceso a la orilla quedaron arrancadas de cuajo. Una pieza de unos diez metros terminó en la calita adyacente, y los bomberos tuvieron que recuperarla a media mañana con la ayuda de dos buzos. Para Navarro, el momento no podría ser peor: «Es el mes más importante del verano», dijo con frustración. Además, lamentó que nadie del Ayuntamiento se personara a comprobar el estado del servicio municipal del que es concesionario.
Más fortuna corrió el Hotel Platja de Santandria, cuyos dos escalones de entrada actuaron como barrera suficiente. Allí bastaron unas toallas tras la puerta para frenar la entrada del agua.
Los daños en la playa tardarán días en repararse. Con agosto en su recta final y la temporada a pleno rendimiento, los empresarios de Santandria afrontan una semana de esfuerzo extra que nadie tenía previsto.
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