El embarcadero de Logroño lleva más de una década convertido en una infraestructura inútil. Lo que debería ser un punto de acceso al Ebro para deportistas, personas con discapacidad y servicios de emergencia es hoy un espacio inaccessible, víctima del abandono institucional y de la acumulación de tierras y restos vegetales que dejaron las crecidas de 2015.

Ahora, por fin, hay movimiento. La Confederación Hidrográfica del Ebro ha publicado en el Boletín Oficial del Estado la solicitud del Ayuntamiento de Logroño para construir una rampa de hormigón que permita bajar al río de forma progresiva y segura. Se abre así un período de información pública de veinte días, primer paso formal hacia una obra que el Consistorio asegura tener lista para ejecutar en cuanto llegue el permiso definitivo.
La solución no es costosa. La rampa, diseñada para integrarse en el perfil natural del terreno y no alterar el flujo del río, no alcanza los 27.000 euros. Lo que sí ha resultado caro, en tiempo, ha sido llegar hasta aquí.
El concejal de Urbanismo, Íñigo López-Araquistáin, explica que la obra responde a dos demandas concretas: la de los servicios de emergencia, que necesitan un acceso rápido y seguro para sus embarcaciones, y la de la Federación Riojana de Piragüismo, que lleva años reclamando mejores condiciones para sus deportistas, especialmente para aquellos con diversidad funcional.
«Es una obra relativamente sencilla, pero que ha costado tiempo por la complejidad de intervenir en el río», reconoce el edil. El proceso ha requerido coordinación estrecha con la CHE para minimizar el impacto ambiental.
El calendario, sin embargo, aprieta. Tras el período de exposición pública, la ejecución llevaría unos dos meses, pero el inicio debe producirse en estiaje, es decir, con el Ebro bajo. Eso deja una ventana muy estrecha: septiembre u octubre serían los meses ideales. Si no se cumple ese plazo, habrá que esperar a la próxima temporada.
«Vamos justitos», admite López-Araquistáin, que añade que la obra ya está adjudicada y lista para arrancar en cuanto la CHE dé luz verde.
Después de once años de reivindicaciones, de piragüistas que han tenido que cargar sus embarcaciones por un terreno impracticable y de emergencias que han tenido que improvisar accesos, Logroño podría estar a pocos meses de recuperar uno de sus espacios naturales más emblemáticos.
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