Sillas, siurells y papeles en la calle: Palma se une contra el turismo masivo con una cadena humana al atardecer

Palma volvió a alzar la voz este sábado contra la masificación turística con una protesta tan sencilla como cargada de significado: una cadena humana que unió la Plaza de España con el Consolat de Mar a partir de las siete de la tarde.

Sillas, siurells y papeles en la calle: Palma se une contra el turismo masivo con una cadena humana al atardecer

La convocatoria fue impulsada por la activista conocida como ‘Madò Farta’ y contó con el respaldo de dos de las organizaciones más implicadas en la defensa del territorio balear, el GOB y Terraferida. La iniciativa, bautizada ‘a la fresca’, quiso recuperar un gesto cotidiano y simbólico: el de sacar la silla a la calle para tomar el aire al caer el día, algo que las generaciones anteriores hacían con naturalidad y que poco a poco ha ido desapareciendo de los barrios.

Los organizadores pidieron a los participantes que acudieran con tres elementos concretos: una silla, un bolígrafo y una camiseta en verde, rojo o blanco, los colores del siurell, la figura artesanal que es uno de los emblemas de la cultura popular de las islas. También se animó a llevar un libro, ganchillo o juegos de mesa, dando a la protesta un carácter tranquilo, familiar y alejado de la confrontación.

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La principal novedad de esta concentración fue la recogida de propuestas ciudadanas. Voluntarios repartieron hojas en blanco entre los asistentes para que escribieran qué modelo de isla desean para el futuro. Una vez completados, los folios fueron trasladados al Consolat de Mar, sede del Govern balear, como forma de hacer llegar directamente la voz de la ciudadanía a las instituciones.

Los organizadores aclararon expresamente que el acto reivindicativo era la cadena humana en sí misma, sin concentraciones previas ni posteriores frente a la sede del Govern.

La protesta se suma a una larga cadena de movilizaciones que, desde hace meses, recorre las Islas Baleares con un mensaje compartido: la necesidad urgente de poner límites al turismo masivo y de repensar el modelo de desarrollo del archipiélago.

Con sillas en la acera y bolígrafos en la mano, Palma demostró que la protesta también puede ser tan cercana como recuperar la vieja costumbre de salir a tomar el fresco.