El sector de la construcción exige que se ejecute más de 1.000 millones en obra pública antes de que acabe el año

El sector de la construcción ha encendido las alarmas. Las empresas constructoras han lanzado una llamada de atención a las administraciones públicas reclamando que se pongan en marcha proyectos de obra pública por un valor superior a los 1.000 millones de euros antes de que finalice 2026. Una petición que llega en un momento en que el calendario aprieta y quedan apenas cuatro meses para cerrar el ejercicio.

El sector de la construcción exige que se ejecute más de 1.000 millones en obra pública antes de que acabe el año

La demanda pone el foco en la ejecución de los presupuestos ya aprobados, que en muchos casos permanecen paralizados por retrasos administrativos, trabas burocráticas o falta de licitación. Los constructores advierten de que, si esa inversión no se activa en las próximas semanas, será imposible absorberla antes del 31 de diciembre.

Para una provincia como Ávila, este debate tiene una repercusión directa. El tejido empresarial local del sector, compuesto en su mayoría por pymes y autónomos, depende en gran medida de los contratos públicos para mantener la actividad y el empleo. Cualquier parón en la licitación se traduce casi de inmediato en menos trabajo y más incertidumbre para cientos de familias de la ciudad y los municipios del entorno.

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Las empresas del ramo insisten en que la solución no pasa por aumentar el gasto, sino por ejecutar lo que ya está comprometido. Carreteras, infraestructuras hidráulicas, rehabilitación de edificios públicos o mejoras en redes de saneamiento son algunos de los ámbitos donde hay proyectos pendientes de arrancar.

El tiempo corre en contra. Con agosto a punto de cerrar y septiembre a la vuelta de la esquina, los plazos para licitar, adjudicar y comenzar las obras se estrechan considerablemente. Las constructoras piden agilidad y voluntad política para destrabar expedientes que, en algunos casos, llevan meses esperando luz verde.

La situación no es nueva, pero la urgencia sí. El sector recuerda que la obra pública es uno de los motores más potentes de la economía real, con un efecto multiplicador que va mucho más allá del propio proyecto. Cada euro invertido en infraestructuras arrastra actividad en materiales, transporte, ingeniería y empleo directo e indirecto.

El reto está sobre la mesa. Lo que queda de 2026 marcará si las administraciones responden o si, una vez más, los presupuestos se quedan a medias.