Sant Lluís vivió ayer el arranque de sus fiestas patronales con una jornada cargada de música, caballos y sentimiento popular. El Pla de sa Creu se convirtió desde primera hora de la tarde en el punto de encuentro de vecinos y visitantes, que fueron llegando poco a poco para dar calor a una de las celebraciones más arraigadas de Menorca.

Los caballos de los alrededores comenzaron a teñir los rincones del pueblo mucho antes del inicio oficial, anticipando la qualcada con cerca de 80 participantes, la mayoría mujeres caixeres. Una imagen de fuerza y tradición que llenó de vida las calles del municipio.
Puntual a las cinco de la tarde, el fabioler Jordi Orell pidió permiso a la alcaldesa, Loles Tronch, para dar comienzo al replec. Lo hizo con una glosa emocionada que invitó a contemplar la fiesta con los ojos de la infancia, dirigiéndose al corazón de los santlluïsers y a las tradiciones más antiguas del pueblo. La alcaldesa respondió también en glosa, elogiando unas fiestas que nacen, según sus palabras, por voluntad del pueblo.
Frente a la iglesia, los gegants de la Colla de Sant Lluís se unieron a figuras invitadas de otros municipios de la isla, junto a los Xeremiers de Sa Pobla, llegados desde Mallorca. La Associació Musical de Maó y la Associació Talaiòtics pusieron la banda sonora a una animada desfilada con las figuras de Lluís, Maria y Tecla bailando tras la traca inicial.
La jornada no estuvo exenta de imprevistos. La caixera casada, Alícia Pons, tuvo que retirarse por un cólico de su caballo, lo que retrasó media hora la entrega del bastó de comandament al caixer batle, Eloy Pons, que ejerce el cargo por segunda vez. Su sustituta, Carmen Pons, asumió el relevo con rapidez. También se estrenó en la qualcada el capellán Jaume Denclar.
Tras las solemnes completes, ya entrada la noche llegó el jaleo amenizado por la Banda de Música de Maó, y la revetlla popular cerró la velada con las orquestas Guateque Maravillas y Fandango All Stars, poniendo el broche festivo a un primer día de fiestas que volvió a demostrar que Sant Lluís sabe guardar lo mejor de su identidad colectiva.



