Ciudad Rodrigo vivió anoche una despedida a la altura de su historia teatral. La última jornada de la 29ª Feria de Teatro de Castilla y León reunió a cientos de espectadores en las calles y escenarios de la ciudad mirobrigense para dar el cierre a una nueva edición cargada de emociones, humor y espectáculo.

La noche arrancó con la presencia imponente de Quimera, el colosal dragón articulado de la compañía La FAM Teatre, que volvió a recorrer las calles de Ciudad Rodrigo entre humo y fuego. Desde la calle Sánchez Arjona hasta la Plaza Herrasti, la criatura de seis metros de altura, doce de longitud y casi 1.500 kilos de peso dejó sin palabras a locales y visitantes.
Cuatro actores dan vida a este enorme títere construido en hierro, cuero y madera, capaz de escupir fuego por la boca, mover las alas, abrir y cerrar los ojos y caminar con sus imponentes patas. Una bestia mitológica que navega entre el mito y la leyenda, y que esta vez también cargó con un significado especial: la actuación sirvió de homenaje a su director, recientemente fallecido y uno de los grandes impulsores de esta obra.
Nadie que estuvo en las calles mirobrigenses pudo apartar la mirada de semejante criatura. El espectáculo fue tan visual como emotivo.
Tras el paso del dragón, llegó el turno de El Show de Impro, propuesta de la compañía vallisoletana Impro Valladolid, que convirtió el escenario en un espacio de ingenio, complicidad y creación instantánea. Sin guion previo, con las sugerencias del propio público como único punto de partida, los actores construyeron historias únicas e irrepetibles mezclando géneros teatrales, cinematográficos y literarios.
No hay cuarta pared en este espectáculo, sino una invitación abierta a que los espectadores se conviertan en cómplices y coautores de lo que sucede sobre el escenario. Cada función es diferente y esta no fue una excepción.
La presencia de Impro Valladolid tiene además un valor simbólico añadido: la compañía castellana y leonesa estuvo presente tanto en la apertura como en el cierre de la Feria, subrayando el compromiso del certamen con la escena regional.
Así, entre el rugir de un dragón y las risas de una improvisación, Ciudad Rodrigo cerró una edición más de su gran cita teatral. Una noche que dejó claro que el teatro, en todas sus formas, sigue siendo una fiesta colectiva.



