Rafael de la Cal llegó a Suances de forma provisional en 1983 y ya no se fue. Cuatro décadas después, con la cartera llena de historias y el pueblo metido en el alma, este médico de familia nacido en Torrelavega se ha jubilado dejando huella en varias generaciones de suancinos.

Comenzó su andadura en el municipio atendiendo a pescadores, marinos mercantes y sus familias desde un pequeño local de la Cruz Roja del Mar. Después pasó por la Cofradía de Pescadores y la Casa del Médico. Aquellos años, según él mismo reconoce, fueron los más bonitos de su vida profesional. Tan cercana era su relación con los pescadores que llegó a salir al mar con ellos, recogiendo percebes y persiguiendo maganos y bonito.
En 1991, cuando abrió uno de los primeros centros de salud de Cantabria en Suances, De la Cal se incorporó como médico de familia y allí ejerció hasta hace apenas dos meses. En ese tiempo, la población del municipio pasó de cinco mil a casi diez mil habitantes, con picos del triple en verano. Una carga asistencial que él conoce bien: raramente terminaba el día sin asumir pacientes de otros cupos, incluyendo el de Pediatría.
Ahora que ya no vuelve a consulta, confiesa que todavía no lo ha asimilado del todo. Dice que se siente como si estuviera de vacaciones. Sus días transcurren entre lecturas, la cocina, los nietos, la playa y la huerta. No le sobra el tiempo.
Pero el médico jubilado no se va sin dejar un aviso claro sobre el estado de la Atención Primaria. Mientras antes sobraban aspirantes a médico de familia, hoy nadie quiere serlo. La presión asistencial ha deteriorado la especialidad hasta hacerla poco atractiva, y advierte que si las administraciones no actúan, peligra un modelo que costó mucho esfuerzo construir y que fue durante décadas el buque insignia de la sanidad española.
Lo más duro de su carrera, dice sin dudar, fue enfrentarse a enfermedades graves en personas jóvenes y a situaciones irreversibles sin poder dar una respuesta suficiente.
A pesar de todo, su balance es positivo. Ha atendido a padres y luego a sus hijos. Ha recibido el cariño del pueblo y lo ha devuelto con creces. Y antes de retirarse del todo lanza un mensaje a los futuros médicos: la Medicina de Familia merece la pena, porque permite trabajar donde se quiera y sostener un derecho fundamental para toda la humanidad.
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