El Ayuntamiento de Guadalajara ha destapado el alcance real del deterioro que acumula el Fuerte de San Francisco tras años de abandono. Una de sus naves, situada en la calle Portugal número 3, alberga en su interior más de 330 toneladas de residuos de diversa naturaleza, algunos de ellos potencialmente peligrosos para la salud y el medio ambiente.

La cifra, calculada por los técnicos municipales mediante inspecciones visuales, da cuenta de la magnitud del problema. Entre los materiales acumulados se encuentran residuos mezclados, maderas, metales, plásticos, aparatos eléctricos y electrónicos, neumáticos fuera de uso, escombros y restos de vehículos abandonados.
Pero el asunto se complica aún más. Los informes técnicos advierten de que no puede descartarse la presencia de residuos peligrosos vinculados a la actividad que se desarrolló históricamente en las instalaciones. Entre ellos se citan aceites usados, baterías de plomo, pilas, envases contaminados, tubos fluorescentes con mercurio, disolventes y pinturas, entre otros materiales de análoga peligrosidad.
La nave lleva fuera de uso desde el 7 de marzo de 2022, cuando un decreto municipal ordenó el cese de la actividad y el desalojo del inmueble, que fue declarado en situación legal de ruina. Desde entonces, el paso del tiempo no ha hecho sino agravar el estado del lugar.
Ante esta situación, el Consistorio ha sacado a licitación un contrato para la clasificación, retirada, carga, transporte y tratamiento integral de todos estos residuos. El presupuesto base asciende a 113.564 euros y los trabajos deberán completarse en un plazo máximo de tres meses.
La memoria explicativa del contrato justifica la urgencia de la intervención señalando que la acumulación de residuos es incompatible con la conservación adecuada del patrimonio municipal y dificulta cualquier actuación futura sobre el inmueble.
Eso sí, el propio documento advierte de que la caracterización definitiva de los residuos solo podrá determinarse durante la ejecución de los trabajos, dada la heterogeneidad de los materiales presentes y la imposibilidad de realizar un análisis exhaustivo previo. En otras palabras, lo que hay dentro podría ser incluso peor de lo que ya se sabe.
El Fuerte de San Francisco lleva años siendo una asignatura pendiente para la ciudad. Este nuevo capítulo pone de relieve el coste, también económico, de dejar el patrimonio público en el olvido durante demasiado tiempo.



