Comer en el súper o en el bar: Burgos debate entre la comodidad y el alma de la hostelería tradicional

Los grandes supermercados de Burgos se han convertido en algo más que un lugar para hacer la compra. Mercadona, Carrefour y Alcampo han consolidado zonas de cafetería y comedor en sus establecimientos, y cada vez son más los burgaleses que optan por almorzar allí antes de volver al trabajo o de terminar sus recados del día.

Comer en el súper o en el bar: Burgos debate entre la comodidad y el alma de la hostelería tradicional

El perfil del cliente varía según la hora. Entre la una y las dos de la tarde, son principalmente familias que buscan una solución rápida mientras aprovechan la jornada de compras. A partir de las tres, el turno lo toman los trabajadores, que encuentran en estos espacios una opción ágil y económica para el descanso del mediodía.

Sin embargo, no todo el mundo lo ve con buenos ojos.

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En fiestas

La Federación de Hostelería de Burgos ha alzado la voz contra esta tendencia. Su presidente, Enrique Seco, no duda en calificar la situación de intrusismo y competencia desleal. «Afectar no afecta directamente porque son cosas distintas, pero sí se nota el impacto y no nos parece bien», afirma Seco, que además apunta a una diferencia en el nivel de exigencia normativa entre ambos modelos.

Según el representante hostelero, los establecimientos tradicionales soportan una presión inspectora mucho mayor que los supermercados. «Sanidad está encima de todo en la hostelería, y ellos no tienen tantas exigencias», asegura, aunque reconoce no contar con el dato normativo exacto.

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La propuesta gastronómica de estas áreas también recibe críticas. Seco la define como «más infantil» y la vincula a la falta de personal cualificado y a una calidad inferior a la del servicio hostelero convencional.

Pero el debate va más allá de lo económico. Para la patronal, lo que está en juego es algo mucho más profundo: la cultura de ocio que define a España y, por supuesto, a Burgos.

«Nos quieren europeizar y dejarnos en casa, y así perdemos la vida social», lamenta Seco. «España no es un país asocial, nos gusta ver el Mundial en los bares y disfrutar de los amigos en tertulia».

Los propios usuarios reconocen que acuden a los comedores de supermercado de forma puntual, no como hábito. «Rara vez comemos aquí, solo cuando vamos con el tiempo justo», confiesa una clienta consultada en uno de estos centros.

Al final, la elección está en manos de cada burgalés: la inmediatez del autoservicio o la pausa y el calor humano del bar de siempre.