El Faro del Caballo de Santoña lleva cerrado desde diciembre y nadie parece querer hacerse cargo de él. La Autoridad Portuaria de Santander ha anunciado que pretende desprenderse de su gestión y traspasar el enclave a la Demarcación de Costas de Cantabria, dejando en el aire cualquier posibilidad de reapertura a corto o medio plazo.

El organismo portuario, que recuperó el control del faro en mayo tras caducar el convenio que lo vinculaba al Ayuntamiento de Santoña y a Cantur, ha descartado acometer obras para reforzar los taludes y acantilados que representan un riesgo real de desprendimiento. En su lugar, va a remitir al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible un expediente para solicitar la desafectación del bien, argumentando que el faro ya no cumple función alguna como baliza de navegación.
Si el Ministerio aprueba la solicitud, la gestión del faro y su entorno pasaría a manos de Costas, al tratarse de dominio marítimo terrestre. Ese trámite administrativo, que ni siquiera se ha iniciado todavía, convierte la reapertura del lugar en una incógnita sin fecha.
Mientras tanto, el faro ha protagonizado uno de los episodios más llamativos del verano en Cantabria. Vídeos difundidos en redes sociales mostraron a grupos de jóvenes, en su mayoría extranjeros, saltando desde lo alto de la torre a más de 25 metros de altura tras colarse en el recinto clausurado. La imagen recorrió internet y encendió todas las alarmas.
La Autoridad Portuaria respondió reforzando la cartelería y poniendo los hechos en conocimiento de la Guardia Civil, aunque por el momento no consta ninguna sanción a los infractores. El organismo también había prohibido la navegación, el baño y el fondeo en un radio de 100 metros de las escaleras del faro desde que recuperó su gestión.
El Pleno de Santoña también se movió. Los concejales aprobaron por unanimidad una moción instando al Gobierno regional y al Puerto de Santander a actuar para permitir la reapertura con plenas garantías de seguridad, rechazando que el faro «permanezca cerrado de forma indefinida». Mientras llega esa solución, reclaman una vigilancia efectiva para frenar las infracciones.
El Faro del Caballo, referente turístico y ambiental de la comarca, sigue así atrapado en un limbo institucional. Ninguna administración implicada tiene sobre la mesa un proyecto técnico para su reparación. Y el paisaje que tantos visitantes han admirado durante décadas permanece cercado, en disputa y, por ahora, sin salida a la vista.
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