Cuéllar cierra sus míticos encierros con una última jornada marcada por la dispersión de los toros

La localidad segoviana de Cuéllar puso el broche final a una nueva edición de sus celebrados encierros, considerados entre los más antiguos de España, con una última jornada que no dejó a nadie indiferente por la dificultad que presentó el recorrido.

Cuéllar desvela los toros que protagonizarán sus encierros más arriesgados de los últimos años

El cierre de las fiestas dejó imágenes propias de los momentos más tensos que puede vivir un encierro. Los toros protagonizaron una carrera marcada por la disgregación del grupo desde los primeros metros, lo que complicó notablemente el desarrollo del recorrido y mantuvo en vilo tanto a los mozos como al numeroso público congregado en las calles.

Cuando los animales se separan del grupo y toman caminos distintos, el riesgo aumenta de forma considerable. Los corredores, muchos de ellos habituales de esta cita, tuvieron que extremar la atención y adaptar su posición en todo momento para evitar situaciones de peligro. La desbandada convirtió cada tramo en un escenario impredecible.

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En fiestas

A pesar de la complejidad, el encierro transcurrió sin que se registraran incidentes graves que lamentar, lo que fue recibido con alivio por vecinos, participantes y organizadores al término de la jornada.

Cuéllar lleva siglos convocando a locales y visitantes en torno a esta tradición que forma parte de su identidad más profunda. Sus encierros, que se celebran en el mes de agosto y primeros días de septiembre, atraen cada año a miles de personas que llenan la villa y sus alrededores en busca de esa emoción única que solo este tipo de festejos taurinos populares es capaz de ofrecer.

Con la conclusión de esta edición, Cuéllar vuelve a la calma tras unos días de fiesta intensa. Los vecinos recogen ya los adornos callejeros mientras los recuerdos de una semana cargada de adrenalina, música y tradición quedan grabados en la memoria colectiva de todos los que vivieron de cerca estos encierros.

Habrá que esperar un año más para que la villa vuelva a vibrar al son de los cencerros y los gritos de los mozos.