La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) ha llevado a cabo la demolición de 14 azudes en la provincia de Segovia en los últimos cinco años. Esta acción ha suscitado un debate en zonas como Veganzones y Cabezuela, donde muchos residentes ven estas infraestructuras como parte de su patrimonio cultural e histórico. La eliminacion del azud de Puente Mesa, que tuvo lugar el 13 de enero, ha acentuado las preocupaciones de la comunidad, que esperaba su conservación como un símbolo local.

Los derribos están enmarcados dentro de un plan de mejora de las condiciones hidromorfológicas de los ríos. La CHD argumenta que estos azudes entrenaban como barreras fluviales y ocasionaban problemas para el medio ambiente. Con un presupuesto cercano a los tres millones de euros, se han ejecutado demoliciones en varios puntos, siendo el río Cega el más afectado, con ocho derribos hasta la fecha.

La preocupación vecinal ha crecido conforme se han anunciado los trabajos sin previo aviso en localidades como Vallelado y Navafría. Muchos vecinos han expresado su descontento sobre la falta de comunicación del proceso. Las decisiones se han tomado sin escuchar a la comunidad local, generando una sensación de impotencia entre aquellos que consideran estas infraestructuras como parte integral de su identidad.

Las protestas no se han hecho esperar. En varias ocasiones, los colectivos vecinales han reclamado la preservación de estos azudes, defendiendo su legado cultural y potencial turístico. Sin embargo, la CHD mantiene que la retirada de estas estructuras es necesaria para asegurar un ecología viable en los cauces, basándose en regulaciones nacionales y europeas para la recuperación de ecosistemas acuáticos.

En el caso del azud de Puente Mesa, su eliminación ha significado más que el derribo de una infraestructura. Para muchos, era un recordatorio de tiempos pasados y de la historia agrícola de la región. Esta fabricada a partir de técnicas árabes, servía antiguamente para desviar agua hacia acequias y abastecer los campos agrícolas.

La sentencia de la CHD es que la eliminación de estos azudes no afectará a la reserva hídrica de la zona. Según su comunicado, estos azudes carecen de uso vigente y su estado de abandono representaba un riesgo para la seguridad, tanto de las personas como del ecosistema. Esto ha llevado a los responsables a actuar así para cumplir con la normativa vigente.

La Confederal espera continuar su labor de restauración, lo que incluye la evaluación de más azudes que aún no han sido eliminados. El próximo año, el organismo tiene previsto realizar un estudio sobre posibles nuevas infraestructuras que deberían ser suprimidas. A medida que el plan avanza, la incertidumbre persiste en la comunidad sobre su futuro y el destino de las infraestructuras que consideran parte de su cultura. La próxima fase de este proceso podría dar lugar a más controversias localizadas en otras áreas que aún no han sido informadas sobre cambios inminentes en sus entornos.

por redaccion