El nuevo presidente de los constructores de Cantabria alerta: los planes urbanísticos no sirven para las familias de hoy

David Moroso lleva toda su vida profesional en el sector de la edificación y la promoción de suelo. Ahora, desde la presidencia de la Asociación de Constructores de Cantabria, cargo que asumió a finales de junio en sustitución de Javier Palomera, afronta el inicio de curso con un diagnóstico claro y sin rodeos sobre el estado del urbanismo en la región.

El nuevo presidente de los constructores de Cantabria alerta: los planes urbanísticos no sirven para las familias de hoy

Su mensaje principal es contundente: los planes urbanísticos generales están pensados para una realidad que ya no existe.

«Las familias actuales son distintas. El prototipo anterior contemplaba familias de cuatro o más miembros, y ahora la media está por debajo de dos y medio», explica Moroso. Esa brecha entre lo que dictan las normativas y lo que demanda la sociedad tiene consecuencias directas sobre el trabajo de las empresas constructoras, que en muchos casos se ven obligadas a sacrificar edificabilidad para adaptar sus proyectos a la demanda real del mercado.

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Para el nuevo presidente, la burocracia es uno de los grandes obstáculos del sector. Moroso defiende agilizar la obtención de licencias a través de declaraciones responsables en determinados proyectos, y apuesta por implantar las llamadas Entidades de Colaboración Urbanística, las ECUs, organismos externos homologados que ayuden a la administración a emitir informes con mayor rapidez. En su opinión, acortar los tiempos tanto al inicio como al final de las obras, incluyendo la licencia de primera ocupación, es una prioridad urgente.

El panorama al que se enfrenta el sector no es sencillo. La crisis de acceso a la vivienda, el encarecimiento de los materiales y la energía, la caída de la inversión pública y la escasez de mano de obra configuran un horizonte exigente. Pese a ello, Moroso insiste en afrontar la etapa con ilusión y en reforzar el papel de la asociación como espacio real de participación, no solo como un trámite formal para las empresas afiliadas.

«Me gustaría que los asociados expusieran sus problemas para canalizarlos a través de la asociación», señala, consciente de que el sector tiene un peso económico y social demasiado relevante como para no tener una voz unificada y activa en los debates que marcarán los próximos años en Cantabria.