Ass Ndiaye llegó a Zamora con trece compañeros, tambores y una filosofía de vida: el baile lo cura todo. Este senegalés es el fundador de Ballet Jammu, uno de los grupos que ha participado en el Festival Internacional de Folklore de Zamora animando la plaza de Sagasta con talleres de danza africana abiertos a todo el público.

Jammu significa paz en su lengua, y no es un nombre casual. Ndiaye lo eligió porque esa es precisamente la esencia del grupo: acercarse al mundo desde la unión y el respeto. «El mundo es grande y abogamos por unirnos porque el mundo es compartir», afirma con una convicción que se nota también en cada movimiento sobre el escenario.
El grupo nació hace dieciocho años en un barrio marinero de Dakar, la capital senegalesa. Fue en 2008 cuando Ndiaye reunió a chicos que bailaban en la calle, algunos huérfanos, otros sin hogar, y los formó como bailarines profesionales. Hoy, Ballet Jammu cuenta con más de sesenta integrantes en Senegal, aunque a Zamora solo han podido desplazarse trece de ellos.
Su propuesta mezcla la danza tradicional de las tribus senegalesas con pasos de danza contemporánea, creando una fusión que engancha al público desde el primer momento. La gira les ha llevado por varias ciudades españolas y portuguesas desde julio, pasando por Burgos, Murcia o Segovia, pero Ndiaye destaca la calidez con la que los zamoranos les han recibido.
El mensaje que traen va más allá del espectáculo. Para Ndiaye, el arte es una herramienta poderosa contra la intolerancia. «Tú puedes verme en la calle y ni me saludas, pero bailando todo el mundo se acerca a ti y te habla», explica. En su visión, el baile y el canto eliminan barreras que la convivencia diaria no siempre consigue derribar.
También habla del baile como refugio frente a las dificultades. Según cuenta, en Senegal hay comunidades que no tienen apenas recursos materiales, pero conservan intacta su cultura. «Con el baile se olvida el hambre y la guerra, te quita los problemas», dice. Y añade con una sonrisa: «Cuanto más bailas, más felicidad. Es lo mejor que hay».
El Festival Internacional de Folklore de Zamora vuelve a demostrar así su valor como espacio de encuentro entre culturas, donde la danza hace lo que a veces la vida cotidiana no logra: que los desconocidos se conviertan, aunque sea por unos minutos, en vecinos.
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