El mercado de El Fontán vivió este domingo uno de los momentos más emotivos de los últimos tiempos. Cerca de un centenar de personas se congregaron en torno a un pequeño altar improvisado en el Arco de los Zapatos para honrar la memoria de Adrián Oliver, el florista que el pasado jueves perdió la vida al sufrir un accidente de moto en la carretera de La Cobertoria, cuando hacía una ruta junto a dos amigos con destino a Quirós.

Adrián tenía 48 años, era padre de dos hijos y llevaba años siendo uno de los rostros más reconocibles de este rincón del casco histórico ovetense. Quienes pasaban cada mañana por el número cuatro del Arco de los Zapatos saben que siempre había una sonrisa esperándoles al otro lado del puesto de flores.
El accidente se produjo cuando el motorista se salió de la vía y cayó por un desnivel. La tragedia se cebó con una cruel coincidencia: el lugar del siniestro se encontraba muy cerca de la casa de sus abuelos en la localidad quirosana de San Blas.
Durante toda la mañana del domingo, vecinos, clientes habituales, comerciantes y vendedores ambulantes se acercaron al altar, donde una fotografía del florista quedaba rodeada de flores. A las dos de la tarde, las notas de un violín cortaron el bullicio propio del mercado dominical y la gente se fue arremolinando en silencio alrededor del pequeño monolito. Muchos no pudieron contener las lágrimas, entre ellos su propio padre, Julio Oliver.
«En la familia sabíamos que era muy, muy querido, pero no esperábamos estas muestras de cariño todos estos días con nosotros. Tenemos miles de correos electrónicos, nos cruzan por la calle y nos paran», confesó Julio Oliver al término del acto, visiblemente emocionado. «Esto nos está superando mucho porque demuestra que había y hay mucho cariño hacia nosotros», añadió.
🍢Guía de tapas de los Chiringuitos de San Mateo37 casetas · raciones, bocadillos y sidra al precio de cada caseta · 10-21 sepDesde el 10Poco a poco, el homenaje se fue diluyendo en el ambiente cotidiano del mercado, mezclándose homenajeantes y transeúntes en un abrazo espontáneo y colectivo que reflejó mejor que cualquier discurso lo que Adrián Oliver significaba para su gente.
El Fontán ya no volverá a ser exactamente igual sin aquella sonrisa de las mañanas.



