Hay edificios que acumulan historia sin encontrar su lugar en el presente. Villa Luisa, uno de los inmuebles más singulares de Maó, es uno de ellos. Construida en 1912 por encargo de Jaume Orfila Moll y diseñada por el arquitecto Francesc Femenias, esta mansión rodeada de jardines ha pasado por tantas manos y proyectos frustrados que su futuro sigue siendo, hoy, una incógnita con más de un siglo de antigüedad.

La propiedad tomó su nombre actual apenas dos años después de ser levantada. En 1914, el edificio fue adquirido por Pelegrí G. de Montcada, miembro de una adinerada familia, quien decidió bautizarla con el nombre de su esposa: Luisa. Desde entonces, la mansión ha vivido vidas muy distintas entre sus muros.
A lo largo del siglo XX albergó una clínica privada y, más adelante, el Centro Pius XII de Asinpros, una institución ligada a la atención de personas con discapacidad. Posteriormente pasó a manos de La Caixa, y en 1995 fue adquirida por un constructor italiano con vínculos estrechos con la isla.
Desde ese momento arrancó una larga cadena de intentos fallidos por reconvertir el palacete en un geriátrico privado. Ninguno llegó a buen puerto. El edificio siguió esperando, deteriorándose poco a poco, hasta que en 2018 fue puesto a la venta por dos millones de euros.
Ahora, sin embargo, parece que Villa Luisa podría encontrar por fin un uso a la altura de su historia. El inmueble ha sido señalado como sede del primer proyecto de vivienda colaborativa para mayores de 60 años en Maó, una modalidad conocida como cohousing que apuesta por la convivencia entre personas con autonomía y buen estado de salud inicial.
Si el proyecto sale adelante, el palacete que Jaume Orfila Moll mandó construir hace más de cien años dejaría de ser un testigo mudo del paso del tiempo para convertirse en un espacio vivo, habitado por quienes quieran envejecer en comunidad en el corazón de Menorca.
Una historia que, después de tantos capítulos sin final, podría estar escribiendo el último.



