Santa Ponça revive con más de 1.500 participantes la histórica llegada del Rei en Jaume a Mallorca

Santa Ponça se vistió ayer de historia y fiesta para dar vida a uno de los episodios más emblemáticos de la isla: el legendario desembarco del rey Jaime I de Aragón en tierras mallorquinas. Un acontecimiento que, año tras año, convoca a vecinos, visitantes y amantes de la cultura popular en torno a una recreación que cada edición gana en espectáculo y emoción.

Santa Ponça revive con más de 1.500 participantes la histórica llegada del Rei en Jaume a Mallorca

La localidad del municipio de Calvià acogió una jornada memorable en la que más de 1.500 personas tomaron parte activa en la representación, distribuidas en un total de 22 collas, tanto cristianas como moras, que llenaron la bahía y sus alrededores de color, ruido y pasión.

El escenario no podía ser más apropiado. Fue precisamente en estas aguas donde, allá por el año 1229, la flota del monarca aragonés tocó tierra mallorquina para iniciar la conquista que cambiaría para siempre el destino de la isla. Recrear ese momento con tanta fidelidad y entusiasmo es, para muchos participantes, mucho más que un espectáculo: es un acto de memoria colectiva.

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Las embarcaciones surcaron la bahía entre el estruendo de los arcabuces y el colorido de los trajes históricos, mientras el público congregado en la orilla seguía cada detalle con atención y aplausos. La tensión escénica entre las tropas moras defensoras y las fuerzas cristianas desembarcantes mantuvo el interés del numeroso público asistente de principio a fin.

La participación de 22 collas refleja el arraigo que esta celebración ha alcanzado en el calendario festivo de Mallorca. Grupos llegados de distintos puntos de la isla se suman cada año a esta cita, aportando sus propias tradiciones, vestimentas y formas de entender el patrimonio cultural compartido.

Para Santa Ponça, esta recreación es sin duda uno de los momentos más importantes del año, una oportunidad de poner en valor su identidad histórica y de congregar a miles de personas en torno a la cultura y la convivencia.

Una fiesta que, una vez más, demostró que la historia, cuando se cuenta con esta energía y dedicación, es capaz de emocionar a propios y extraños por igual.