Familiares y amigos al rescate: los pueblos de Segovia luchan por mantener abiertas sus piscinas ante la falta de trabajadores

Las piscinas municipales de la provincia de Segovia encaran cada verano el mismo reto: encontrar personal suficiente para abrir sus puertas. La escasez de socorristas y trabajadores de barra obliga a gestores y ayuntamientos a buscar soluciones de urgencia que, en muchos casos, pasan por recurrir a la familia más cercana.

Familiares y amigos al rescate: los pueblos de Segovia luchan por mantener abiertas sus piscinas ante la falta de trabajadore

Daniel Martín, al frente de la empresa Marba, gestiona seis instalaciones en la provincia y lleva años conviviendo con este problema. Recoge currículos desde principios de año, pero cuando llega el momento de confirmar disponibilidad, la realidad no siempre coincide con lo prometido.

«Hay algunos que quieren trabajar a la carta, los días que ellos quieren, o irse de vacaciones medio verano», explica. El colmo llega durante las fiestas de los pueblos, cuando algunos empleados han llegado a abandonar el puesto antes que perderse la celebración. «Me han dejado tirado por irse de fiesta», resume sin rodeos.

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En fiestas

La consecuencia es que Martín ha pasado fines de semana «temblando» por si alguien no se presentaba, y madrugones para cubrir él mismo el primer turno hasta que llegaba alguien de confianza.

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En Boceguillas, una de las piscinas más grandes y modernas del nordeste segoviano, la historia se repite. Su responsable, Alejandro Martín, ha construido el equipo verano tras verano tirando de primos, su hermana y los familiares de sus socios. Este año no fue diferente.

«Mis primos no querían trabajar este verano y lo han hecho como un favor porque no había gente», reconoce. La instalación atrae a bañistas de pueblos cercanos sin piscina propia e incluso de localidades como Riaza o Aranda de Duero, pero su viabilidad pende de un hilo. «De aquí a unos años será imposible que esta piscina dé el servicio que da ahora».

El bar es otro quebradero de cabeza. Es la principal fuente de ingresos para rentabilizar la instalación, pero también donde más cuesta encontrar personal. «Es una odisea, tienes que coger lo que venga», admite.

Y si la falta de mano de obra ya complica la ecuación, el gasto de los bañistas tampoco ayuda. Este verano, pese al buen tiempo, la gente ha apretado el bolsillo. En los mejores días se vendieron unas 200 entradas, lejos de los más de 400 registrados en el mejor agosto de los últimos años.

Boceguillas y Turégano son dos ejemplos de cómo la comunidad local sostiene servicios esenciales cuando el mercado laboral no responde. Pero esa solidaridad tiene un límite, y quienes gestionan estas instalaciones lo saben mejor que nadie.