Cientos de viajeros se han encontrado este lunes por la mañana con una desagradable sorpresa al intentar usar el tranvía en el centro de Vitoria. Un problema técnico ha dejado sin servicio el tramo comprendido entre las paradas del Parlamento y Angulema durante gran parte de la jornada, generando una situación de confusión y malestar generalizado entre los usuarios habituales.

Lo que más ha indignado a los vitorianos no ha sido tanto la avería en sí como la absoluta falta de comunicación por parte del servicio. Nadie esperaba en las paradas para informar a los viajeros, el teléfono de atención aparecía ocupado o directamente no respondía, y los paneles de las estaciones no ofrecían ninguna explicación útil.
Los propios técnicos que acudían a reparar la incidencia tuvieron que asumir la tarea de orientar a los pasajeros. «Estamos hablando con la gente para intentar calmarla y guiarla», reconocía uno de ellos en la parada de Angulema, convertida durante horas en un punto de acumulación de personas, autobuses y vehículos en plena zona de obras.
Los testimonios recogidos entre los afectados reflejan una frustración compartida. Ibai, vecino de Abetxuko y usuario diario del tranvía, lo resumía con dureza: «Me parece vergonzoso que un servicio público tenga una incidencia y que no sepamos qué líneas funcionan, cuáles están cerradas o cuándo se va a recuperar el servicio. En agosto también hubo problemas».
Otros viajeros vivieron situaciones aún más complicadas. Dayana Da Cruz, estudiante, tuvo que llamar a un familiar para que fuera a recogerla en coche al no saber si el servicio volvería a funcionar con normalidad. Alfonso Olalde esperó más de quince minutos en Angulema tras serle indicado que allí encontraría el tranvía. No había ninguno.
La incidencia también dejó consecuencias inesperadas en el sistema de pago. En algunas paradas como Salburua las canceladoras no funcionaban, lo que provocó que varios usuarios viajaran gratis sin pretenderlo. Otros validaron sus tarjetas en paradas equivocadas al no saber exactamente desde dónde debían subir.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una queja recurrente entre los usuarios del tranvía vitoriano: la falta de protocolos claros de información en caso de avería. Cuando el servicio falla, los viajeros quedan a merced del boca a boca y de la buena voluntad de los operarios. Para muchos, eso no es suficiente en un servicio público esencial.
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