El alfoz de Zamora abre el nuevo curso escolar con una noticia que ilusiona a toda la comarca. El Centro Rural Agrupado de Moraleja del Vino supera por primera vez los 130 alumnos matriculados y estrena dos nuevas aulas además de un archivo, en una señal clara de que la apuesta por los servicios públicos en el medio rural empieza a dar sus frutos.

El crecimiento no es casualidad. Detrás de estas cifras hay años de trabajo municipal orientado a fijar población y mejorar la calidad de vida de las familias. La puesta en marcha del comedor escolar en el curso 2024/2025 supuso un punto de inflexión que animó a muchas familias a considerar el entorno rural como una opción real y estable para criar a sus hijos.
A ello se suma el programa de vivienda de protección oficial que el Ayuntamiento de Moraleja del Vino impulsa junto a la Diputación de Zamora y la Junta de Castilla y León, con el que se pretende alcanzar los 2.000 empadronados. Más viviendas accesibles significa más familias, y más familias significa más niños en las aulas.
Las dos nuevas aulas que se estrenan este septiembre han sido posibles gracias a la financiación conjunta de la Diputación de Zamora y el propio Ayuntamiento, que ha querido dejar claro su compromiso con la educación pública. Desde el consistorio destacan que el objetivo es que los niños y niñas del municipio estudien en las mejores condiciones posibles y que el colegio siga creciendo al mismo ritmo que el municipio.
El CRA agrupa a los alumnos de varias localidades de la zona: El Perdigón, Madridanos, Sanzoles, Venialbo, Villalazán y la propia Moraleja del Vino, que ejerce como centro cabecera donde se ubican las nuevas instalaciones.
Las autoridades municipales confían en que la tendencia creciente se mantenga en los próximos cursos. Y hay razones para el optimismo: cuando un pueblo cuida su colegio, cuida su futuro.
En tiempos en que el vaciamiento demográfico sigue siendo una amenaza real para muchos municipios de la España interior, Moraleja del Vino demuestra que con políticas concretas y apuesta firme por los servicios esenciales, la vida en el campo no solo es posible, sino que puede crecer.



