Mientras Maó se viste de fiesta y los jaleos llenan las plazas de emoción, hay personas que nunca se suben al caballo ni levantan la copa. Son quienes, desde el otro lado, hacen posible que la celebración funcione. Protección Civil, Cruz Roja y el equipo de protocolo del Ayuntamiento son el engranaje silencioso de las Festes de Gràcia 2026.

Los preparativos comienzan aproximadamente un mes antes del inicio de los actos. Paqui Pons, jefa del Gabinete de Alcaldía, coordina junto a distintos departamentos municipales todo lo relacionado con el protocolo, la corporación y los caixers. Su trabajo termina cuando empieza el de todos los demás, y ese momento tiene su propia recompensa emocional: ver cómo lo preparado durante semanas comienza a funcionar sin fisuras.
Pons recuerda especialmente el dolor de las fiestas suspendidas durante la pandemia y lo mucho que echó en falta ese espacio de encuentro colectivo. Recuperarlas, dice, tiene un valor que va mucho más allá de la organización.
A pie de plaza, Protección Civil trabaja en estrecha coordinación con Cruz Roja y la Policía Local. Ismael Villalonga, al frente de la agrupación local, lleva 22 años en el cuerpo y vive las fiestas con la misma pasión que cualquier maonés, aunque desde un rol muy distinto. Durante el jaleo, un vigía permanece atento a posibles incidencias. Si hay que intervenir, la música se detiene para que los efectivos puedan actuar con seguridad.
Cruz Roja instala un punto médico y despliega equipos de primeros auxilios tanto en la plaza como en los alrededores. Los voluntarios que llegan desde fuera reciben además formación específica sobre cómo actuar durante el jaleo, un entorno festivo con dinámicas muy particulares.
Entre ellos está Ricardo Villamil, maonés y miembro de Cruz Roja desde hace 16 años. Asegura que los accidentes son hoy mucho menos frecuentes que en el pasado y que, para él, acompañar a su ciudad en sus fiestas más importantes es una forma de quererla: una mezcla de emoción, orgullo y sentido de pertenencia difícil de explicar con palabras.
El alcalde Héctor Pons destacó también el carácter íntimo de la mañana de Gràcia, un momento más recogido y cercano frente a los actos multitudinarios. El jaleo del lunes fue más breve de lo habitual por las altas temperaturas y la humedad, priorizando el bienestar de los caballos.
Las fiestas acaban, pero quienes las sostienen desde dentro ya empiezan a contar los días para el año siguiente.
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