Una familia compuesta por una pareja y sus dos hijos menores de edad fue desahuciada este jueves de su vivienda en Ciutadella tras una larga batalla judicial que se ha extendido durante varios años. La madre, Sheila Delgado, resume la situación con una frase que lo dice todo: «Todo el mundo se lava las manos, nosotros no sabemos dónde vamos a vivir».

El desalojo se ejecutó alrededor de las 11.30 horas, cuando la comisión judicial accedió al domicilio acompañada de agentes de la Policía Local y la representación legal de ambas partes. Las partes acordaron un plazo de una hora para retirar las pertenencias. Con la ayuda de amigos y familiares, y con lágrimas en los ojos, la familia logró trasladar sus enseres en varios vehículos.
La vivienda era propiedad de la familia desde hace casi dos décadas. Diversas circunstancias les impidieron hacer frente a los pagos de la hipoteca. Desde 2018 residían allí bajo un alquiler social con el BBVA, pero el banco vendió la propiedad a un fondo de inversión, Torrance Investment 21 SL, que inició la vía judicial para recuperar el inmueble.
Uno de los hijos, de 10 años, tiene una discapacidad reconocida del 33 por ciento. El otro tiene 16 años. A pesar de ello, el Tribunal de Instancia número 1 de Ciutadella no tuvo en cuenta el informe emitido el pasado 31 de agosto por los Servicios Sociales del Ayuntamiento, que acreditaba la vulnerabilidad social y residencial de la familia.
El abogado de la familia, José de Juan López, intentó hasta el último momento paralizar el desahucio solicitando la nulidad de las actuaciones por vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva, recogido en el artículo 24.1 de la Constitución, alegando que no se había garantizado la protección del interés superior de los menores. La acción no prosperó.
Sheila Delgado afirmó encontrarse «muy enfadada con el Ayuntamiento de Ciutadella, con el Consell» y cargó contra el sistema: «Es una vergüenza, no funciona». También señaló que su hija mayor le ha pedido ayuda psicológica y que tendrán que costearla de su bolsillo.
De momento, los niños pasarán las próximas noches en casa de su abuela, mientras los padres se alojan con amigos. Una solución provisional que no resuelve nada. La familia sigue sin saber dónde vivirá.
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