Miranda de Ebro arranca sus fiestas de Altamira con un pregón que pide soñar en grande

La plaza de España de Miranda de Ebro se llenó este jueves de vecinos dispuestos a celebrar. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Altamira echaron a andar con un mensaje que mezcló emoción, memoria y esperanza de la mano del empresario aeronáutico Ginés Clemente, fundador de Aciturri y uno de los mirandeses más reconocidos a nivel nacional.

Miranda de Ebro arranca sus fiestas de Altamira con un pregón que pide soñar en grande

El pregonero reconoció haber apurado el encargo hasta casi el último momento, pero cuando el reloj superó las ocho de la tarde bajo un cielo despejado y una temperatura de unos 21 grados, sus palabras comenzaron a flotar sobre una plaza abarrotada.

Clemente arrancó con una declaración de amor a su ciudad: Miranda no es un lugar de paso, es una ciudad para quedarse. Desde ese punto, el discurso tejió un recorrido entre el pasado y el futuro, entre los edificios y las personas que dan forma a una ciudad, entre las leyendas de la patrona y los sueños de quienes aún tienen toda la vida por delante.

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En fiestas

El pasaje más íntimo llegó cuando el pregonero recordó a quienes ya no pueden estar en estas fiestas. La voz se le quebró al evocar a sus padres, a sus suegros, a su hermano y a amigos que forman parte de la historia de Miranda. Un momento de silencio compartido con los cientos de personas que llenaban la plaza.

Pero el discurso también miró hacia adelante. Clemente se dirigió especialmente a los jóvenes mirandeses, a quienes pidió mantener los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas, porque ser hijos de una ciudad pequeña no obliga a tener sueños pequeños. Una reflexión que cobra especial peso viniendo de alguien que empezó en un pequeño taller y construyó una empresa aeronáutica de referencia internacional.

El empresario también reivindicó el poder de las fiestas para reunir a familias y amigos, para devolver a casa a quienes se fueron y para hacer que los más mayores recuperen por un momento algo de la infancia.

Dos vivas a Miranda y a las fiestas de Altamira cerraron el pregón antes de que el cohete anunciador, lanzado desde el balcón del Ayuntamiento, confirmara lo que todos ya sabían: las fiestas habían comenzado.